Familia Marianista

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  • Apertura – Creación [1]

    Apertura – Creación [1]

    Es crucial encontrar un equilibrio entre la apertura y la identidad en las comunidades. La falta de límites puede resultar en grupos difusos sin verdadera comunidad. Es necesario establecer fronteras claras para fomentar la intimidad y confianza en la vida compartida. Ver contenido

  • Identidad – CLM [1]

    Identidad – CLM [1]

    Las comunidades laicas marianistas, desde sus inicios, responden a las necesidades del mundo, en contraste con la percepción de ser meramente mano de obra para los religiosos. Esta distorsión, señalada por Ignacio Otaño, refleja una tendencia clericalista. La visión original de Chaminade incluía parroquias marianistas como centros de diversas obras coordinadas en una misión integral. Ver contenido

  • Testimonio – Iniciación [1]

    Testimonio – Iniciación [1]

    Nuestra tendencia hacia un modelo intelectual nos aleja de la dimensión vivencial y espiritual de la fe. La gente busca testimonios apasionados en primera persona. Si nuestra fe nos apasiona, debemos testimoniarla en nuestro día a día, no solo intelectualmente, para ser un verdadero reflejo de la Iglesia y atraer a otros a vivir su… Ver contenido

  • Acompañamiento – Familia [1]

    Acompañamiento – Familia [1]

    Chaminade fue un agente activo en la creación de comunidades de oración durante la Revolución Francesa. Como Familia Marianista, podemos ser facilitadores para que surjan comunidades discretas que, paso a paso, se conviertan en algo más grande, siguiendo el ejemplo de Chaminade. Ver contenido

  • Profundidad – Creación [1]

    Profundidad – Creación [1]

    En la creación de la comunidad, es crucial reconocer las distintas motivaciones y expectativas de los jóvenes y adaptar la profundidad de la oferta a sus necesidades. Es fundamental acompasar los ritmos de los miembros para construir una comunidad sólida, alentando la paciencia y la mansedumbre en unos y despertando el entusiasmo en otros hacia… Ver contenido

  • Oración – CLM [0]

    Oración – CLM [0]

    Los laicos marianistas pueden crear espacios de fe en la ciudad, inspirados en nuestro carisma. Han demostrado capacidad para ello, como en el caso de Hakuna. Recuperar iniciativas anteriores, como los espacios de oración al estilo de Taizé, puede revitalizar la misión evangelizadora comunitaria. Ver contenido

  • Nos da miedo generar comunidades cerradas en sí mismas y es normal. Debemos ser abiertos y acogedores como marca nuestro carisma, pero hay un equilibrio que no acabamos de lograr. A veces las comunidades demasiado abiertas son en realidad grupos sin identidad donde no percibimos el contorno de dicha comunidad porque no existe. No sabemos quién pertenece y quién no o qué supone la pertenencia y no se llega a generar un clima de intimidad y confianza donde compartir la fe y la vida, porque, ni siquiera sé quién forma parte realmente del grupo, con lo que no llega a ser una verdadera comunidad.

    Compartiendo oración con diferentes comunidades, en algunas, aunque sea muy bien recibido, me siento un poco intruso, porque es palpable la intimidad que existe entre sus miembros y cómo mi presencia, aunque sea conocido y apreciado, la distorsiona. En cambio, en otros grupos de oración, mi presencia o ausencia, como la de otros miembros, es totalmente arbitraria y la profundidad de mi participación como la de otros, es muy diferente.

    Con todo esto, si queremos que se consoliden nuevas comunidades, debemos construir muy bien el contorno de la comunidad y decidir cuándo abrir y cuándo cerrar la puerta y saber quién está dentro y quién fuera.

  • Hablando de identidad, las comunidades laicas marianistas son las que, desde su origen, detectan y responden a las necesidades del mundo. No como la mano de obra de los religiosos. Esto es una deformación en la que hemos ido cayendo, fruto del clericalismo de nuestra sociedad. Así nos recuerda Ignacio Otaño cómo era la relación entre las Congregaciones y la Compañía de María:

    La Compañía de María tiene una necesidad fundamental de misioneros. […] En Besançon el P. Chaminade concibe un proyecto ambicioso, en el que una parroquia marianista sea el aglutinante de diversas obras en una misión bien coordinada. […] En todos los lugares a los que Chaminade envía marianistas, casi siempre las congregaciones aparecen como una de las actividades de la comunidad o de algunos miembros de la misma. A veces incluso, como sucedió con la primera escuela gratuita fundada en Agen, son los congregantes de un lugar los que detectan una necesidad o un posible campo de misión y piden la presencia de una comunidad marianista, con la que después colaboran estrechamente. (Pág. 82)

  • En líneas generales hemos tendido hacia un modelo más intelectual que vivencial o espiritual y eso nos puede alejar de la dimensión de la fe y la acción del Espíritu. Este es un modelo que se está agotando en la actualidad. La gente busca, cada vez más, conocer el testimonio apasionado en primera persona.

    Si de verdad nuestra fe nos mueve y apasiona, tal vez debamos testimoniarlo más explícitamente en nuestro día a día para que no acudan a nosotros para cuestionar intelectualmente a la Iglesia o para hacer exégesis de las escrituras y, a otros carismas, para vivir su fe.

  • Ignacio Otaño nos cuenta como en el tiempo convulso de la revolución Francesa:

    “Se abren oratorios en casas particulares, y cada oratorio es un centro de vida espiritual intensa. El P. Chaminade es un agente activo de esa pastoral clandestina.” (p16)

    De alguna manera promueve y acompaña la creación de estas comunidades de oración. Como Familia Marianista, también podemos ser facilitadores para que surjan estas comunidades quizá no clandestinas, pero sí muy discretas que van dando pasos para convertirse en algo mayor.

  • El momento de la creación de la comunidad es delicado puesto que se juntan jóvenes aparentemente similares en intereses y edad. Sin embargo, observamos que, en la práctica, ya hay distintas motivaciones y expectativas, o deseo de construir algo o de dejarse llevar.

    En este sentido, hay que cuidar el nivel de profundidad de lo que les ofrecemos y pedimos, pero sabiendo acompasar los ritmos de los distintos miembros, para que puedan llegar a constituir la comunidad. Al que demanda más igual hay que pedirle paciencia y mansedumbre, contar más con él y enseñarle a tirar del grupo sin romperlo y al que no sabe ni por qué está en este grupo, ayudarle a dejarse entusiasmar por el espíritu de los primeros. Y, a todos ellos, animarles a hacer un camino de profundización personal en la oración para que sea Dios el motivo de sus encuentros y no los intereses personales o el reencontrarse con los amigos del colegio para filosofar.

    Si en lugar de eso pretendemos esperar a que todo el mundo tenga el mismo nivel de compromiso para arrancar, los que querían una mayor intensidad la buscarán fuera, y los otros, que no querían nada, estarán encantados de tener esa nada dentro del grupo, con lo que, como muy tarde en exámenes, el grupo se disolverá.

  • En algunos lugares, los laicos marianistas podrían aportar a la ciudad un espacio para vivir la fe desde nuestro carisma. Están perfectamente capacitados para ello y además ya lo han hecho en alguna ocasión. 

    Esta es una misión evangelizadora que ahora mismo está desarrollando Hakuna de forma muy llamativa, pero que han hecho muchos otros grupos de forma más discreta y sin un modelo de oración claro.

    Cuando Taizé estaba más de moda, surgieron en las ciudades, diferentes espacios donde rezar con ese modelo concreto de oración. En aquel momento, algunos laicos marianistas sintieron la llamada de generar estos espacios y ofrecieron un gran servicio, no sólo a la Familia Marianista sino también al resto de la Iglesia. Esto hoy ha ido decayendo y ya sólo mantienen el día y la hora, pero ha perdido el Espíritu, el estilo y el cariz de misión evangelizadora comunitaria, pero podría recuperarlo porque sigue siendo demandado por los jóvenes.

Guía de estilo Marianista