2. Testimonio

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Apasionar no instruir | Visibilizar la comunidad | Aprovechar el fervor | Evangelizar entre iguales | Dar testimonio | Ser profetas | Ser humilde | Contar nuestro carisma | Reforzar la Familia Marianista | Reforzar la autonomía de las ramas | Participar de la Iglesia

  • Fervor – Escolar [1]

    Fervor – Escolar [1]

    Necesitamos revitalizar nuestras celebraciones eucarísticas para atraer a los jóvenes. Las expresiones de alegría y participación activa son clave. Aunque sea desafiante, debemos adaptarnos para transmitir la alegría de la fe de manera auténtica y relevante para las nuevas generaciones. Ver contenido

  • Apasionar – Madeleine [1]

    Apasionar – Madeleine [1]

    Para hacer crecer una comunidad de fe, es esencial formar equipos con personas apasionadas y guiadas por el Espíritu, no simplemente representantes institucionales. El enfoque debe estar en la vida y el entusiasmo, no en la política y la estrategia, aunque la representación de todos los grupos pueda ser beneficiosa. Ver contenido

  • Identidad – Familia [1]

    Identidad – Familia [1]

    En la identidad de la Familia Marianista, cada rama surgió con un propósito dentro de la misión común de revitalizar el cristianismo en Francia. Es crucial recuperar y redefinir el papel de cada rama hoy para volver a nuestra identidad original. Según Lalanne, Chaminade creía que la restauración del cristianismo en Francia dependía de la… Ver contenido

  • Fervor – Impacto [1]

    Fervor – Impacto [1]

    La intensidad emocional durante las actividades de impacto genera vínculos temporales que pueden desvanecerse con el tiempo si no se les da continuidad. Por eso, es crucial aprovechar este fervor para proponer nuevas actividades que mantengan el interés y la confianza de los jóvenes. Al finalizar una actividad, podemos lanzar la siguiente o sembrar la… Ver contenido

  • Apasionar – Impacto [1]

    Apasionar – Impacto [1]

    Los jóvenes que participan en actividades de impacto a menudo enfrentan un intenso ruido interior. Buscan experiencias intensas pero pueden carecer de una comunidad de apoyo. Por eso, nuestras propuestas deben centrarse en emociones y contenidos simples, para conectar con sus intereses y luego profundizar en el camino de crecimiento. Ver contenido

  • Identidad – CLM [1]

    Identidad – CLM [1]

    Las comunidades laicas marianistas, desde sus inicios, responden a las necesidades del mundo, en contraste con la percepción de ser meramente mano de obra para los religiosos. Esta distorsión, señalada por Ignacio Otaño, refleja una tendencia clericalista. La visión original de Chaminade incluía parroquias marianistas como centros de diversas obras coordinadas en una misión integral. Ver contenido

  • Apasionar – VR [1]

    Apasionar – VR [1]

    Transmitir nuestra fe no debería ser imponer mandatos, sino seducir con pasión y autenticidad. Jesús enseñó con autoridad y atrajo a través de valores que inspiran. Debemos mostrar la pasión y la alegría en nuestra entrega a la misión, los votos, la oración y la vida comunitaria, para seducir a otros con nuestro ejemplo. Ver contenido

  • Visibilizar – Escolar [1]

    Visibilizar – Escolar [1]

    La conexión real con los jóvenes implica vivir experiencias compartidas. Esto aplica tanto a los monitores como a los profesores. Compartir la vida con los jóvenes construye vínculos de familia y reemplaza los prejuicios con valoraciones basadas en la experiencia personal. Ver contenido

  • Iglesia – Madeleine [1]

    Iglesia – Madeleine [1]

    La comunidad Madeleine debe integrarse plenamente en la Iglesia local y universal, buscando siempre la comunión y la colaboración. Inspirados en sugerencias prácticas, podemos fomentar la participación en misiones fuera de la comunidad, trabajar en armonía con distintos carismas y colaborar activamente con otras parroquias y la diócesis. Ver contenido

  • Iglesia – Impacto [0]

    Iglesia – Impacto [0]

    Los movimientos como Hakuna y los retiros Effetá están impactando positivamente en la fe de nuestros jóvenes, lo que no deberíamos percibir como amenaza, sino como una gracia del Espíritu. En lugar de competir, debemos apoyar estas iniciativas y acompañar a los jóvenes en su crecimiento espiritual dentro de nuestras comunidades. Ver contenido

  • En general, si preguntamos a nuestros jóvenes, falta vida en nuestras Eucaristías, por tradición tenemos unas celebraciones muy poco expresivas, con poca implicación del cuerpo donde reinan las caras largas y miradas perdidas, con cantos lentos, del siglo pasado y arrastrando las palabras. 

    Mientras, otros movimientos cristianos, sobre todo evangélicos, tienen formatos más alegres que te hacen sentir partícipe y activo involucrando otros sentidos, generando un ambiente en el que se palpa la alegría y se percibe el Espíritu en esa alegría.

    Esta expresión de los afectos es cada vez más demandada y, aunque nos pueda resultar chocante dentro de nuestra cultura o historia personal, debemos darle un espacio en lo que hacemos para que se haga patente la alegría de la Buena Noticia en nuestras celebraciones y encuentros.

  • Para poner en marcha y hacer crecer cualquier iniciativa, pero especialmente una comunidad de fe, es necesario hacer equipos con gente apasionada, movida por el Espíritu, y no por representantes institucionales de los grupos o áreas para cumplir cuotas. Si además de estar movidos por el Espíritu están representados todos los grupos, mejor pero en este orden, no en el otro, porque lo que han de contagiar es vida y entusiasmo, no política y estrategia.

  • En nuestra identidad como Familia Marianista, cada rama nació con una función dentro de la misión común de restablecer el cristianismo en Francia. Debemos recuperar y recrear el papel de cada rama hoy en la Familia Marianista para volver a nuestra identidad original. Esto nos cuenta Ignacio Otaño sobre las intuiciones de Chaminade según la visión de Lalanne:

    Según Lalanne, el P. Chaminade «estaba profundamente persuadido de que el cristianismo no se podría restablecer en Francia más que por la restauración de las Ordenes religiosas». […] «su concepción de la vida religiosa en los tiempos modernos era un poco diferente de la de los otros fundadores». […] sabía que debía hacer algunas acomodaciones para no encontrar obstáculos insuperables. (Pág 60)

  • Una clave fundamental en las actividades de impacto, y que vemos en otros grupos, es trabajar con el fervor de los participantes. Cuando vivimos intensamente una actividad creamos una serie de vínculos temporales que irán desapareciendo en los días sucesivos si no hay ningún otro estímulo, por eso, es importante aprovechar la ola de emociones cuando se produce y plantear nuevas propuestas cuando existe ese vínculo que nos hace significativos y confiables para los jóvenes en nuestras propuestas. 

    Así, al final de una actividad podemos lanzar la siguiente, o sembrar la semilla de algo nuevo que pueda nacer en el grupo como ocurrió con el nacimiento de Hakuna, a la vuelta de una Jornada Mundial de la Juventud de 2013 en Río.

  • Los jóvenes que participan en actividades de impacto pueden tener mucho ruido interior, acuden en busca de actividades especiales para sentir cosas y vivir experiencias intensas, y, muchas veces, no tienen una comunidad o un contexto en el que apoyarse o hacer un camino de crecimiento. 

    Por eso, nuestras propuestas, a veces, podrían resultarles muy pesadas o alejadas porque se dirigen a un público con más recorrido. En este tipo de encuentros, debemos movernos en el terreno de las emociones y los contenidos sencillos muy centrados en sus intereses inmediatos para navegar dentro de ese ruido interior de sus pasiones y, en un proceso posterior, dar más profundidad a lo vivido.

  • Hablando de identidad, las comunidades laicas marianistas son las que, desde su origen, detectan y responden a las necesidades del mundo. No como la mano de obra de los religiosos. Esto es una deformación en la que hemos ido cayendo, fruto del clericalismo de nuestra sociedad. Así nos recuerda Ignacio Otaño cómo era la relación entre las Congregaciones y la Compañía de María:

    La Compañía de María tiene una necesidad fundamental de misioneros. […] En Besançon el P. Chaminade concibe un proyecto ambicioso, en el que una parroquia marianista sea el aglutinante de diversas obras en una misión bien coordinada. […] En todos los lugares a los que Chaminade envía marianistas, casi siempre las congregaciones aparecen como una de las actividades de la comunidad o de algunos miembros de la misma. A veces incluso, como sucedió con la primera escuela gratuita fundada en Agen, son los congregantes de un lugar los que detectan una necesidad o un posible campo de misión y piden la presencia de una comunidad marianista, con la que después colaboran estrechamente. (Pág. 82)

  • A la hora de transmitir lo que hacemos, debemos evitar que se convierta en mandato lo que debería ser seducción, de lo contrario somos fariseos poniendo normas para el encuentro con Dios.

    Vemos en el Evangelio que Jesús seduce porque enseña con autoridad y porque hay valores que en sí mismos atraen. Nosotros nos movemos en ese mismo terreno, pero lo hemos convertido todo en regla y lo vivimos como norma. Sin embargo, la entrega a los demás en la misión, los votos, la vida de oración o la vida en comunidad son cosas rompedoras y apasionantes que pueden seducir a cualquiera que nos vea apasionados por ello, en lugar de resignados, agobiados o desmotivados.

  • Pensando en la relación con los monitores, vemos que es muy importante vivir cosas con ellos. Compartir vida con los jóvenes es clave para que te reconozcan y acepten como “de los suyos”, pues, en esa experiencia compartida, se crea un cierto vínculo de familia y se hace visible la realidad de unos y otros y los prejuicios se reemplazan por valoraciones hechas desde la experiencia personal. Esto pasa también entre alumnos y profesores, aunque, en este caso, no podemos estrechar mucho los lazos puesto que son menores de edad y la relación es de profesor-alumno y no de educador a educador.

  • La comunidad Madeleine ha de estar perfectamente integrada en la Iglesia local y universal y buscar siempre la comunión y la colaboración. Así es en nuestro carisma desde los orígenes. Y, a modo de intuiciones prácticas, recojo algunas de las sugerencias del documento “57 Buenas prácticas en parroquias” que es un análisis que implicó dos años de investigación y contacto con más de 200 comunidades parroquiales de España. El estudio reporta experiencias de éxito que pueden iluminar o inspirar a otras parroquias. Dicho estudio se realizó en colaboración con la Fundación SM y se presentó el curso 22-23 en Valencia. Donde habla de comunidad parroquial nosotros podemos leer comunidad Madeleine para adaptarlo a los términos que estamos manejando:

    38. La pertenencia a la comunidad parroquial no ha impedido a algunos miembros ofrecer su disponibilidad para una misión, animando o liderando otros grupos en otra parroquia, zona pastoral o arciprestazgo. 

    50. La parroquia funciona en comunión y trabajo conjunto entre los diferentes carismas, movimientos y asociaciones que forman parte de la parroquia. 

    51. Los diferentes carismas, movimientos y asociaciones comparten la visión y viven insertados en los procesos pastorales, servicios y ministerios de la parroquia. 

    56. La parroquia participa y trabaja en común con otras parroquias del arciprestazgo aportando desde su visión, identidad y cultura. (ECTI. X-p43) 

    57. La parroquia participa en las actividades organizadas desde la diócesis aportando desde su visión, identidad y cultura, y buscando la comunión.

  • Desde hace algunos años vamos viendo como nuestros jóvenes se dejan tocar por las iniciativas de grupos como Hakuna y por los retiros Effetá. Ambas realidades nos pueden estar allanando el camino. Desde luego, podemos decir que, gracias a estos movimientos, la fe de nuestros monitores y de nuestros jóvenes en general, crece más que gracias a nuestras propias iniciativas y esto no debemos verlo como una amenaza sino como una gracia del Espíritu que actúa a través de la Iglesia y sus distintos carismas.

    En este sentido, no debemos reinventar lo que ya existe para competir. Más bien, debemos apoyar estas iniciativas como actividades de impacto para transformar a nuestros jóvenes y acompañarlos, desde nuestro carisma, antes y después de dicha experiencia en procesos posteriores, para que, si así lo desean, consoliden su fe en nuestras comunidades.

Guía de estilo Marianista