Familia Marianista

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  • Barreras – Familia [4]

    Barreras – Familia [4]

    Derribemos barreras y transmitamos unidad. La división entre sacerdotes afecta a los fieles. Recomponer la unidad es urgente para la Iglesia de Francia. Chaminade lo vio claro al regresar y encontrar divisiones. Debemos hablar de comunidad sin barreras. Ver contenido

  • Estructuras – Familia [4]

    Estructuras – Familia [4]

    En la Familia Marianista, revisamos nuestras estructuras para una colaboración más eficiente. Chaminade ya comprendía la importancia de la unidad y coordinación para avanzar. Ignacio Otaño destaca cómo durante la Revolución se promovieron estructuras pastorales conjuntas, reflejando la necesidad de trabajar juntos hacia un objetivo común en la comunidad. Ver contenido

  • Responsabilidad – Familia [4]

    Responsabilidad – Familia [4]

    Chaminade y el Papa nos recuerdan la importancia de superar la visión clerical de la misión, dando a los laicos la oportunidad de asumir responsabilidades. Aún nos queda camino por recorrer, tanto para los laicos que se acomodan como para los religiosos que a veces desconfían de las capacidades del laico. La responsabilidad compartida hace… Ver contenido

  • Entorno – Iniciación [3]

    Entorno – Iniciación [3]

    En la sociedad actual, los jóvenes necesitan figuras de padres y madres espirituales que les brinden apoyo y experiencia, sin desnaturalizar su carácter juvenil. El equilibrio entre cuidar y dar espacio es fundamental para su desarrollo, como nos enseña la experiencia de los primeros congregantes marianistas. Ver contenido

  • Signos – VR [3]

    Signos – VR [3]

    Los signos del tiempo nos urgen a reformar la vida religiosa. José Cristo Rey García Paredes compara la restauración de Notre Dame con la necesidad de restaurar la fe. La comunidad Madeleine podría ser clave en esta transformación hacia una nueva vida religiosa para los laicos. ¡Pongámonos en ‘modo peregrinación’ y transformemos nuestra fe! Ver contenido

  • Identidad – VR [3]

    Identidad – VR [3]

    En nuestras comunidades religiosas, debemos evolucionar hacia ser motores de la comunidad de fe Madeleine, trascendiendo la mentalidad de una comunidad centrada en sí misma. Esto implica devolver el protagonismo carismático a los laicos, quienes también son portadores del carisma y deben participar activamente en la toma de decisiones, especialmente en áreas como la pastoral… Ver contenido

  • Apertura – VR [3]

    Apertura – VR [3]

    La diversidad de carismas puede llevar al sincretismo. Debemos mantener nuestra identidad sin perderla en la amalgama de influencias contemporáneas. Chaminade insta a conectar con la actualidad sin perder nuestra esencia, optando por audacia y vigilancia para adaptar nuestro carisma al mundo actual. Ver contenido

  • Profundidad – Iniciación [3]

    Profundidad – Iniciación [3]

    En la etapa de la juventud, es vital reconocer las distintas fases vitales y las necesidades específicas de cada una. Desde la vida universitaria hasta el inicio de la vida laboral o la formación de una familia, cada período requiere un enfoque único. Ofrecer actividades especiales, como retiros personalizados, puede satisfacer las necesidades individuales y… Ver contenido

  • Libertad – Iniciación [3]

    Libertad – Iniciación [3]

    Es esencial respetar las formas de participación de los jóvenes en la comunidad, evitando la tendencia de los mayores a querer corregirlas. El enfoque debe centrarse en el interés genuino de la persona por pertenecer, más que en la perfección formal. La asistencia a las reuniones es crucial una vez formada la comunidad, mostrando un… Ver contenido

  • Plan – Familia [3]

    Plan – Familia [3]

    En tiempos de Chaminade, la educación era clave para transformar la sociedad, enfocándose en las Escuelas Normales. Hoy, como Familia Marianista, debemos reflexionar sobre nuestro plan para asistir a María eficientemente. Aprendemos de nuestra tradición a anteponer los intereses generales y hacer apuestas sólidas para recristianizar la sociedad. Ver contenido

  • Palabra – Iniciación [3]

    Palabra – Iniciación [3]

    La lectura y comprensión de la Palabra de Dios pueden parecer intimidantes, pero son esenciales para el crecimiento espiritual. Los jóvenes anhelan expresar sus dudas y recibir respuestas, y la riqueza de la Palabra siempre genera interés cuando se presenta con conocimiento y comprensión adecuados. Ver contenido

  • Crecimiento – VR [3]

    Crecimiento – VR [3]

    Es vital educar la sensibilidad para conectar con el prójimo y transformar la sociedad, una habilidad ausente en nuestros itinerarios formativos. Además, aprender a expresar el dolor es fundamental, ya que tendemos a evitarlo. Jesús mostraba sus emociones, y debemos reeducar nuestro mundo afectivo para relacionarnos plenamente con los demás. Ver contenido

  • Entorno – Creación [3]

    Entorno – Creación [3]

    Al iniciar la creación de una comunidad, es esencial brindar un ambiente acogedor y sin juicios, especialmente para aquellos jóvenes que pueden estar alejados de la fe o la Iglesia. La elección del primer acompañante es crucial para establecer un entorno de confianza donde compartir la vida y cultivar el vínculo comunitario inicial. Ver contenido

  • Acompañantes – Iniciación [2]

    Acompañantes – Iniciación [2]

    Para una comunidad en formación, romper la dependencia afectiva del acompañante actual es crucial. La capacidad de adaptarse a nuevos líderes marca la consolidación. El documento «57 buenas prácticas en parroquias» resalta la importancia de líderes formados y corresponsables en la transformación parroquial. Ver contenido

  • Responsabilidad – Iniciación [2]

    Responsabilidad – Iniciación [2]

    Nuestras fraternidades y CEMI surgieron de líderes carismáticos que movilizaron a jóvenes inquietos. Ahora, debemos aprender cómo madurar y pasar la responsabilidad a nuevas generaciones. Los laicos adultos deben ser referentes junto con los religiosos. No podemos empezar cada año desde cero; debemos construir con los jóvenes y aprovechar su tiempo y energía. Como dice… Ver contenido

  • Acompañantes – CLM [2]

    Acompañantes – CLM [2]

    En nuestro carisma, los laicos son los primeros acompañantes de otros. La misión genuina implica estar en colegios, ofreciendo apoyo en ejercicios, acompañamiento personal y colaboración en actividades. Esto no solo fortalece nuestra Familia, sino que difunde las fraternidades o CEMI. Ver contenido

  • Responsabilidad – CLM [2]

    Responsabilidad – CLM [2]

    La responsabilidad del laico es fundamental en nuestro carisma, como nos recuerda Chaminade en una carta a Adela. Es hora de retomar esa responsabilidad que, en muchos casos, se ha cedido a los religiosos. Los laicos deben ser miembros activos de la misión si queremos ser fieles al carisma de nuestra Familia. Ver contenido

  • Apertura – Iniciación [2]

    Apertura – Iniciación [2]

    Chaminade promueve la acogida de personas con distintos niveles de vida cristiana, pero también enfatiza la importancia de que deseen crecer en su fe dentro de la comunidad. La apertura no debe ser pasiva, sino orientada hacia el crecimiento espiritual en comunidad. Ver contenido

  • Entorno – Familia [2]

    Entorno – Familia [2]

    En la Familia Marianista, nuestros comentarios pueden condicionar el futuro de manera positiva o negativa, según el principio del Efecto Pigmalión. Optemos por bendecir en lugar de maldecir a personas e iniciativas, creando un entorno seguro para la expresión de opiniones diversas y moderando nuestra vehemencia para dar espacio a todas las voces. Ver contenido

  • Vacío – Creación [2]

    Vacío – Creación [2]

    Cuando acompañamos a jóvenes en la formación de una comunidad, debemos recordar que el objetivo principal es que encuentren a Dios, no simplemente que formen parte de un grupo específico como fraternos o CEMI. Nuestro carisma debe abrirles la puerta hacia su propio encuentro con Jesús. La importancia de la comunidad en la vida plena… Ver contenido

  • Formación – VR [2]

    Formación – VR [2]

    El «Estado religioso en el mundo» propuesto por Chaminade busca una vivencia más radical y dedicada de la fe, potenciando la vocación bautismal y los consejos evangélicos. Este estado, aún no oficial, podría preservar la congregación en tiempos de persecución. José Cristo Rey García Paredes destaca la formación como un proceso de embellecimiento espiritual, esencial… Ver contenido

  • Iglesia – VR [2]

    Iglesia – VR [2]

    José Cristo Rey García Paredes nos insta a repensar la vida religiosa, buscando la unidad en lugar de la dispersión. Nos anima a rehacer nuestros esquemas y explorar nuevas formas de comunión. Debemos dejar atrás las cargas del pasado y permitirnos ser transformados por la comunidad. Nuestro carisma marianista es nuestra belleza singular, que debemos… Ver contenido

  • Preparación – Familia [2]

    Preparación – Familia [2]

    La preparación meticulosa de actividades, como los retiros Emaús o Effetá, actúa como un volante de inercia, multiplicando el impacto sin añadir esfuerzos adicionales. Inspirados por Chaminade, buscamos medios efectivos para nuestra misión. Es crucial movilizar a los mayores en una dirección que potencie su experiencia y energía hacia la transformación de los jóvenes. Ver contenido

  • Barreras – Creación [2]

    Barreras – Creación [2]

    La realidad de los jóvenes ha cambiado en las últimas décadas, por lo que no podemos esperar que se integren en las comunidades de la misma manera. Es crucial adaptar el lenguaje y las formas de comunicación para conectar con ellos. Iniciativas como Ac2ality ofrecen noticias con un enfoque fresco y accesible. La resistencia al… Ver contenido

  • Protagonismo – Iniciación [2]

    Protagonismo – Iniciación [2]

    Es fundamental involucrar a los jóvenes en la toma de decisiones y en la planificación de actividades, incluso renunciando a nuestras ideas si es coherente con el espíritu comunitario. Esta práctica, valorada por los primeros congregantes, permite el crecimiento mutuo y la integración de distintas generaciones en la comunidad. Ver contenido

  • Barreras – Iniciación [2]

    Barreras – Iniciación [2]

    Para integrar a los jóvenes en la comunidad, es crucial derribar barreras y ganar su confianza como acompañantes. Algunos jóvenes prefieren no ser acompañados por personas mayores, a quienes perciben con estereotipos culturales. Es vital superar este distanciamiento y ofrecer un acompañamiento sin prejuicios, como hacía Chaminade con los primeros religiosos. Ver contenido

  • Visibilizar – Creación [2]

    Visibilizar – Creación [2]

    Es importante que los jóvenes tomen conciencia de la comunidad mayor desde el principio. Una estrategia podría ser combinar parte de la reunión de mi grupo con otras fraternidades de 1º año, pero debemos equilibrarlo con la necesidad de que primero se conviertan en comunidad entre ellos. Invitar a actividades que realmente vivimos por gusto,… Ver contenido

  • Implicación – Familia [2]

    Implicación – Familia [2]

    La dimensión orante en las parroquias se destaca como una buena práctica, incluyendo la recuperación del ministerio de intercesión. Se promueven espacios y tiempos para la oración personal y comunitaria, así como celebraciones integradas con acción de gracias, intercesión y envío. Se establecen ministerios de intercesión por aquellos que se inician en la fe. Se… Ver contenido

  • Carisma – Iniciación [2]

    Carisma – Iniciación [2]

    En los primeros años de una comunidad, es vital enseñar los fundamentos del carisma marianista y del cristianismo, pues muchos carecen de ellos en la sociedad actual. Chaminade destacaba esta necesidad para recristianizar Francia. La presentación del carisma marianista debe ser inspiradora, como un proyecto ilusionante que transforma, no como una estructura que mantener. Ver contenido

  • Crecimiento – Iniciación [2]

    Crecimiento – Iniciación [2]

    Es esencial priorizar la formación sobre los actos de piedad, como Chaminade propuso en su tiempo. Hoy, hay una carencia formativa y de conocimiento religioso básico, así como de autoconocimiento, especialmente entre los jóvenes. Abordar esto en la etapa de iniciación fortalecería la salud mental y crearía comunidades más sólidas, proporcionando un entorno seguro para… Ver contenido

  • Como decíamos antes, las barreras muchas veces las levantamos los mayores por vivencias del pasado, roces, heridas, recelos, envidias… Las barreras que nos ponemos entre nosotros también afectan a los jóvenes, por eso, también debemos derribarlas y transmitir unidad, sobre todo si les vamos a hablar de comunidad y de Familia Marianista. Chaminade lo vio claro al volver a Francia y encontrarse con que la división entre sacerdotes que en su día juraron o no la Constitución Civil del Clero y que en el exilio habían trabajado por libre, ahora se convertía en una forma de alejar a los fieles y que “una tarea urgente para la Iglesia de Francia, y particularmente en su clero, es recomponer la unidad”.

  • En la Familia Marianista estamos dando los primeros pasos para un verdadero trabajo en familia, donde el peso de una rama en concreto o su historia, no condicione a las demás en cuanto a liderazgo o a formas de proceder, y que sea, sin embargo, el discernimiento común en escucha del mundo contemporáneo y del Espíritu, lo que marque las decisiones. 

    En este sentido, debemos revisar las estructuras actuales para que sean funcionales y eficientes, con tareas concretas y reconocidas por todas las ramas. Y en cuanto a sus miembros, han de ser gente válida para la tarea y no un miembro de cada rama para cumplir cuotas de participación. Los religiosos, por ejemplo, podríamos confiar en un laico en contacto directo con la Administración Provincial, para representarnos en material de pastoral juvenil en una comisión de Familia. 

    Siguiendo con este ejemplo, si los religiosos contamos con un Asistente de PJV, miembro del Consejo Provincial en una comisión de Familia donde el resto de ramas aportan a un delegado voluntario, se produce una situación desigual de responsabilidad, autoridad e implicación, además de condicionar la renovación de los miembros de ese equipo a los cambios en el equipo provincial. Todo esto puede dificultar el verdadero trabajo en Familia.

    La forma de proceder por cuotas o cargos, puede hacer que las decisiones no las tomen personas cualificadas, por edad, o por situación vital o por carga de trabajo, y por tanto, no satisfacen a las ramas que dejan de confiar en las comisiones y las desautorizan.

    Por su parte, Chaminade tenía claro que la unidad y el trabajo coordinado es esencial para llegar más lejos. Nos lo cuenta así Ignacio Otaño:

    “Durante la Revolución se crean además nuevas estructuras de Iglesia, una pastoral de conjunto que, en medio de la actividad clandestina, aglutine las fuerzas y las coordine. […] Un consejo asegura la unidad de objetivos y acción. En Burdeos se ha preferido el término de cooperador al de misionero. Boyer anima a la unidad de los cooperadores: Sería inútil, mis queridos hermanos, que estuvierais llenos del celo ardiente que debe distinguir vuestro ministerio si cada uno de vosotros siguiese su camino individualmente y separado de sus cooperadores. Seríais como unos soldados desperdigados que nunca podrían vencer. Sólo siguiendo un mismo camino, en el que brillen la armonía, la conjunción y la unidad disciplinada, podréis lograr el objetivo común que os debéis proponer»

  • De Chaminade nos cuenta Ignacio Otaño algo que hoy sigue reclamando el Papa:

    “Superará una visión clerical de la misión, dando al cristiano laico la oportunidad de asumir responsabilidades, que suscitarán susceptibilidades en su tiempo pero que permitirán entender el bautismo dinámicamente, como un envío a actuar en el mundo, no a ser un simple receptor de órdenes a cumplir.” (Pág. 3)

    Sin duda esto es algo que está en nuestro ADN, pero aún nos queda mucho camino por recorrer, tanto por parte de los laicos que se acomodan, como por parte de los religiosos que, muchas veces, sin darnos cuenta, asumimos modelos clericales desconfiando de las capacidades del laico, o no dejando que las pueda desarrollar si aún le falta recorrido.

    La responsabilidad acompañada hace crecer y genera comunidad. Además es bueno ejercer la responsabilidad con sentido comunitario, no por medio de encargos individuales a determinadas personas que son de mi confianza y me garantizan el resultado que yo quiero obtener.

    Escuchando de nuevo lo recogido por Ignacio Otaño, vemos cómo era la organización entre los congregantes:

    “Esas responsabilidades personales se ejercían con un sentido comunitario y se coordinaban mediante el consejo de la congregación, que se reunía todas las semanas y era el órgano regulador de todos los ejercicios y buenas obras de la congregación” (Pág. 40)

    Finalmente, en este compartir responsabilidades, hay que insistir en no instrumentalizar a las personas, hacerlas corresponsables es compartir responsabilidades, preocupaciones, proyectos, vida. Tratando al “joven” como el adulto que es o, al laico marianista en general, como alguien capaz de transmitir el carisma y no como un recurso para ejecutar determinadas tareas secundarias.

  • Hoy en día, hay un sentimiento muy fuerte de orfandad, por eso, los jóvenes, necesitan personas que estén dispuestas a ser padres y madres espirituales. Y, en ese ser padre o madre espiritual, también hay que saber dejar espacio para la relación entre hermanos, primos y amigos, es decir, entre iguales. No es natural ni bueno que un niño se relacione sólo o mayoritariamente con sus padres y los amigos de sus padres, sus tíos y abuelos.

    Sobre este equilibrio entre cuidar y dar espacio nos habla Ignacio Otaño al referirse a los primeros congregantes:

    [Chaminade] no quería que la presencia de hombres de edad en la congregación de jóvenes desnaturalizase precisamente su carácter juvenil. Por otra parte, para los jóvenes era importante la presencia, el apoyo, la experiencia, la perspectiva de cristianos experimentados. Se crea entonces la agregación, compuesta por los padres de familia y por los solteros de edad madura, que tiene como uno de sus objetivos ese apoyo a los jóvenes. En sus estatutos se declaraba que la congregación de jóvenes constituía la obra de nuestro corazón: «nada de cuanto pueda interesar a estos jóvenes nos es ajeno; los consideramos unidos a nosotros con los más estrechos vínculos. Trabajar por su edificación en la piedad y por su sostenimiento en la sociedad civil es el deber más querido de nuestro corazón” (Pág. 38)

  • Hoy los signos de los tiempos nos piden reformar la vida religiosa y cuando digo hoy me refiero a que hace ya tiempo que se escucha esto en todos los foros. 

    Por su parte, José Cristo Rey García Paredes, ponía el ejemplo de la restauración de Notre Dame tras el incendio, como metáfora de una iglesia destruida que necesita ser recuperada con la implicación de todos y, tal vez, a Chaminade, que quería restaurar la fe en Francia, el ejemplo también le habría valido. Nos decía que “Igual que la sociedad se movilizó para restaurar Notre Dame, debemos tomarnos muy en serio, y movilizarnos para la reforma de la vida religiosa” ¿Acaso tenemos que esperar a algo más para ponernos manos a la obra? ¿Hace falta una mayor decadencia o algún signo más claro?

    Quizá, una oportunidad de transformar la Vida Religiosa Marianista, sea la comunidad Madeleine, si logramos recrear el ambiente de los primeros congregantes. Si lo pensamos, al principio no existían las ramas, estas surgen de la Madeleine. Ahora, sin embargo, debemos peregrinar por el camino inverso para construir dichas comunidades de fe. En ese proceso, tal vez encontremos una nueva manera de ser vida religiosa para los laicos.

    Por tanto, tenemos que ponernos en “modo peregrinación”. Lo propio de una peregrinación es que siempre acaba en algún lugar y tanto la meta como el recorrido son importantes para la transformación. Hoy que los signos de los tiempos nos llaman a hacerlo todo en modo sinodal, podemos ver también que estamos llamados al modo peregrinación, a salir de nuestra tierra y caminar hacia la tierra prometida guiados sólo por la fe.

  • En nuestras comunidades religiosas tenemos que hacer un viaje y pasar de ser “comunidad abierta” para que vengan a verme, a comunidad motora de la comunidad de fe, trasladando el centro de todo desde la comunidad religiosa, hasta la comunidad de fe Madeleine. Es un recorrido complicado, pero en el que podemos reencontrarnos con nuestra verdadera identidad como religiosos, haciendo que nuestra comunidad de fe, de vida y de misión estén más relacionadas con la comunidad Madeleine y no centradas en nosotros mismos dejando a la comunidad Madelein como un conjunto de actividades a las que va quien tenga amigos entre los participantes.

    En este viaje hacia la humildad, debemos devolver a los laicos el protagonismo que tienen en el carisma. No estamos delegando la transmisión del carisma en los laicos porque somos pocos, estamos transmitiendo y custodiando juntos el carisma porque lo recibimos como Familia. El carisma es como un Belén en el que hay muchos personajes, los laicos también forman parte del Belén y también tienen derecho a adorar y decir “esto también es nuestro” y “también nos lo ha dado Dios y no los religiosos”. De esta manera, podrán adquirir un protagonismo carismático.

    Los laicos, donde funcionan, necesitan también un espacio para tomar sus decisiones sobre los jóvenes y sobre muchas otras áreas. Por eso hay que estar en diálogo y ver cómo coordinarnos en cosas donde concurrimos como es el caso de la pastoral juvenil.

  • En el mundo hay muchos carismas, estilos, medios y grupos y corremos el riesgo de caer en un sincretismo que nos lleve a perder la identidad. 

    Pongamos un ejemplo. Como religioso, en los últimos años he estado expuesto a canciones evangélicas de Hillsong, a otras católicas de Hakuna y a los espantosos cantos de la Liturgia de las Horas rematados por la dulzura de nuestras voces. Comparando canciones, lo que menos me ha acercado a Dios con diferencia ha sido el canto en la Liturgia de las Horas, hasta el punto de alejarme. El caso es que el canto lleva a identificarnos con la espiritualidad de quien lo canta pero, hoy por hoy, no me identifico con algunas cosas del movimiento de Hakuna y tampoco coincido con la espiritualidad evangélica. Sin embargo, soy un agente de contagio de esos movimientos que no representan mi carisma, porque son los que a mí me acercan a Dios y empleo sus canciones con otros, para que también les acerquen a Dios, perdiendo la identidad de nuestro carisma paulatinamente. Así, esta apertura a la actualidad no me sirve para actualizar mi carisma anclado en estructuras inamovibles, sino para sustituirlo, precisamente por ese inmovilismo. 

    Sobre esto de la apertura con identidad, nos habla también Ignacio Otaño citando a Chaminade. Comienza hablando de la modestia y dice que:

    “Es como el reflejo exterior de la humildad y sencillez interior. […] Saber conectar también con los gustos de la época, sobre todo de la juventud, sin perder la identidad propia y la sencillez. Dice Chaminade: […] “sin herir demasiado abiertamente las ideas y gustos del siglo en que Dios nos ha hecho nacer; debemos atraer al mundo y sobre todo a la juventud, debemos atraerla de todos modos, por nuestras maneras agradables, amables, pacientes, por nuestro mismo modo de vestir” […] «La lealtad, la franqueza, el desprendimiento forman nuestro carácter» (Pág. 73)

    Y sigue más adelante animándonos a optar por la audacia y la vigilancia, en lugar del rechazo a las cosas de nuestro mundo:

    «Para ser un buen religioso marianista, no se precisa ni conviene rechazar sistemáticamente las expresiones de la adveniente cultura universal ni estar en contra de todas sus tendencias. Todo lo contrario: se precisa enganchar adecuadamente con esas tendencias (Vaticano II, AG 9, GS 58 y 92 d): sólo quien es capaz de asumir es capaz de redimir. Pero, al mismo tiempo, es necesario tomar conciencia de los contravalores existentes…» […] «asumir, sin llegar a la delicada y exigente tarea de redimir… Las culturas necesitan respeto y comprensión, pero también conversión y transformación…» […] “Sería un drama para nosotros la ruptura entre vida marianista y cultura; debemos aspirar a la debida síntesis entre esta vida marianista y esta cultura. Una vida religiosa que no se hace cultura no se entiende bien ni se transmite bien” […] «No puede mirar atrás ni alimentar añoranzas de restauración… Debe mirar a Jesucristo y configurarse con Él; esta configuración se puede convertir en una forma alternativa de vida que permitirá despertar lo mejor de la cultura moderna desde nuestra identidad de marianistas… Se impone optar por la audacia y la vigilancia. Mejor aún, ser audaces y vigilantes al mismo tiempo». (Pág 95-96)

    Debemos dejar de mirar al mundo desde el balcón adoptando sin discernimiento unas cosas y rechazando violentamente otras, para empezar a llevar nuestro propio carisma al mundo y a la Iglesia, aprendiendo a adaptarlo como han hecho estas otras realidades que hoy logran traer a Jesús al mundo, mucho mejor que nosotros.

  • En todas las etapas hemos de adaptarnos a las necesidades de cada uno, pero, en la iniciación no pueden seguir teniendo tanto peso los que buscan algo superficial. No puede ser que el que quiere jamón serrano se tenga que ir, porque en marianistas no pasamos de las gominolas.

    Nuestra prioridad tiene que ser la de atender a los jóvenes inquietos que demandan de nosotros algo más. Chaminade establecía con estos jóvenes una especie de grupo motor que servía de impulso motivador para el resto de la comunidad, por eso, debemos garantizar el acompañamiento a aquellos jóvenes que demandan algo más de nosotros. 

    Sin embargo, muchas veces no llegamos a entender qué es lo que esperan de nosotros los jóvenes y nos equivocamos en nuestra respuesta. Para poder ofrecer más profundidad o un mejor acompañamiento, primero hay que estar bien dispuesto a escucharles, sin ideas preconcebidas y abiertos a la propia transformación personal.

    En la categoría de jóvenes hay distintas etapas según los momentos vitales aunque tendamos a asimilarlo todo a ese mismo grupo del que ya me siento lejano.

    Ellos también se sienten más cerca o más lejos de los de una edad u otra, incluso, en las últimas etapas se sienten más próximos a los padres de familia y sin embargo no les dejamos acercarse ahí. 

    No espera lo mismo quien acaba de salir del colegio y estrena su vida universitaria, que quien está discerniendo su vocación en la vida, o quien ha de hacer el cambio a la vida laboral o de formar su propia familia. Pero, muchas veces, parece que hasta que la persona no tiene hijos, no se le puede dejar de asimilar al gremio de los jóvenes universitarios, aunque lleve años trabajando.

    Para atender a esa diversidad dentro de la etapa de iniciación, podemos ofrecer actividades especiales de mayor intensidad. Por ejemplo: un formato de ejercicios o retiro personal en una comunidad, en silencio o con momentos de oración contemplativa más fuertes, como alternativa o complemento a otros ejercicios enfocados para la mayoría. 

    Si sabemos identificar a nuestros jóvenes inquietos y escuchar sus necesidades, esta fase de iniciación nos podrá llevar a dar respuestas nuevas a sus verdaderas inquietudes, que ni ellos mismos saben aún formular, y, ahí sí, acompañarlos en el discernimiento de su vocación.

  • Conforme van dando pasos como comunidad, es importante conocer, y respetar sus formas de hacer las cosas y de participar en las actividades comunes. Es un clásico que cuando uno se va haciendo mayor, las formas de los jóvenes nos parecen cada vez menos ortodoxas o apropiadas y nos sentimos irracionalmente llamados a “corregir” esas formas. Eso genera una ruptura generacional por el rechazo implícito de una parte contra la otra y viceversa y la consiguiente desafección por las cosas del otro.

    El foco debemos ponerlo en el interés de la persona por estar y formar parte de la comunidad, evitando todo rigorismo formal que busque la perfección en las motivaciones, las formas y el cumplimiento. Lo que sí deberíamos exigir, una vez se ha formado la comunidad, es la asistencia a sus reuniones, porque de lo contrario, no hay un interés real por estar y formar parte de la comunidad y seguiríamos en el punto de “creación de la comunidad”.

  • Si el medio más eficaz de transformar la sociedad en tiempo de Chaminade era la educación, la forma más eficiente de controlar dicha educación era actuar sobre las Escuelas Normales, que podríamos asimilar a las actuales escuelas de Magisterio. Así se habla de esta educación en cascada en los textos de nuestra tradición:

    Por la formación de los maestros en las Escuelas Normales, la Iglesia de Francia podía tener en sus manos la formación de la mayor parte de los muchachos franceses […] el trabajo con los maestros es «uno de los medios más sencillos, más directos y más influyentes para contribuir a la regeneración de Francia» […] «Los doscientos maestros de escuela a los que usted va a predicar llevarán a sus doscientas parroquias ese espíritu de religión que habrán bebido en el retiro y, a su regreso, lo infundirán en sus alumnos. Cuando pienso en los excelentes efectos de esta empresa me conmuevo profundamente y bendigo al Señor por habérnosla inspirado» […] formar los nuevos maestros y reformar los antiguos […] «Por la reforma o renovación de los maestros, la obra conseguirá la reforma de la clase numerosa del pueblo, que es uno de los objetivos de la Compañía de María» […] “Formar los maestros significa formar una generación que cambiaría la mentalidad y las costumbres de Francia” […] «Estamos en un siglo en que se hace razonar, o más bien desvariar, hasta a los campesinos y criados. Es preciso que vuestros alumnos de las Escuelas Normales lleguen a ser pequeños lógicos, incluso un poco metafísicos; es preciso que conozcan las fuentes de las certezas humanas» (Pág. 79-80)

    Este plan de transformación de la sociedad nos puede llevar a pensar, como Familia Marianista, cuál ha de ser nuestro plan hoy, para asistir a María en esta misión de la manera más eficiente posible y, leyendo algo más de nuestra tradición, vemos que, a la hora de hacer un plan, es necesario anteponer los intereses generales a los personales y poner en juego nuestros recursos haciendo apuestas fuertes:

    Probablemente Guillermo José compartió con su hermano esa tarea de formación de seminaristas en el exilio. No se trataba de una formación meramente intelectual sino que llevaba consigo un plan pastoral adaptado a la realidad que les esperaba en Francia. Así se deduce de lo que en 1802 escribía el vicario de Burdeos a su nuevo arzobispo para informarle de los recursos humanos con que contaba:

    «el joven Boyer (ordenado sacerdote en Zaragoza el 2 de agosto de 1800) ha obtenido de su obispo (Mons. de la Tour du Pin, arzobispo de Auch) y de los administradores de la diócesis de Burdeos el permiso para trabajar bajo la guía del Sr. Chaminade, que quiere crear una Sociedad de misioneros para evangelizar la diócesis» .

    Esto hace suponer que Chaminade tenía en mente un plan de acción para recristianizar el país y que el arzobispo de Auch lo aprobaba, y, para llevarlo a cabo, anteponiendo los intereses generales a los locales, se desprendía de un elemento sumamente válido para su diócesis. (Pág. 28)

  • A veces nos puede dar miedo llevar la Palabra de Dios a las reuniones. Nos parece compleja, que va a generar dudas y que no la van a comprender. Sin embargo, en algún momento hay que iniciarse en la lectura de los textos de la Biblia.

    Por otra parte, observamos que a los jóvenes les atrae mucho el poder expresar sus dudas de fe y que les escuchen y las respondan. Además, la riqueza de la Palabra es tan grande y desconocida, que siempre genera interés, si el acompañante o la persona que lleve los contenidos, tiene cierto conocimiento de la Biblia como para hacer exégesis e interpretación adecuada.

    La explicación y comprensión de la Palabra también es un momento de encuentro transformador con Dios, ahí se da también la revelación, no sólo en la oración o en la vivencia de los sacramentos.

  • La educación de la sensibilidad en el contacto con el mundo y por tanto con el prójimo es importante para transformar la sociedad y adquirir la mirada de Dios y sin embargo no está o ha estado en nuestros itinerarios formativos.

    Así mismo, habría que enseñar a mostrar y vivir el dolor, pues muchas veces nos mostramos como pueblo indolente. Antiguamente el arte del duelo era una habilidad que tenía que aprenderse, no se daba por hecho que la gente fuera capaz de expresar las emociones y sentir. Por eso, aprender a darle forma al lamento en el momento concreto en que hace falta y gestionar el dolor como forma de emplear las emociones para avanzar, resulta muy necesario también hoy, pues hemos sepultado el tema del dolor y el sufrimiento.

    Jesús vivía las cosas sin ocultar las emociones y los vínculos que esto genera. Por eso, debemos reeducar todo el mundo afectivo en aquellos casos en los que es un impedimento para relacionarnos abierta y profundamente con los demás. La persona evitativa tiene miedo a los afectos y el ansioso duda de ellos. Crear vínculos es crear una afectividad estable.

  • Cuando nos planteamos el momento de la creación de la comunidad, la mayoría de los jóvenes necesitan verse en un ambiente amable, abierto, informal, que no los juzga si no que los acepta como son y los escucha. Algunos de ellos pueden estar incluso alejados de la fe o de la Iglesia. Por tanto, es muy importante cuidar cómo nos acercamos a ellos y qué contexto tienen para dar esos primeros pasos.

    Según esto, acertar con el primer acompañante es clave para generar ese entorno seguro de confianza donde compartir la propia vida. Y, al compartir vida, se podrá generar el vínculo primero de la comunidad.

  • Cuando una comunidad está iniciando su andadura, generalmente falta visión de conjunto, conocer más cosas y salir de la burbuja de su acompañante actual generando una gran dependencia afectiva. Para conocer la consolidación de una comunidad, es bueno hacerse la pregunta de ¿qué pasará cuando tengan que cambiar de acompañante? Si son capaces de hacer este cambio es que han completado la fase de creación y ya son una comunidad.

    En el documento de “57 buenas prácticas en parroquias” que cito en varios de estos vídeos, encontramos una serie de puntos que inciden también en la necesidad de contar con buenos líderes y acompañantes.

    8. Hay un equipo que ha hecho suya la visión, se ha formado y gestiona junto al párroco, de forma corresponsable, la transformación de la parroquia. 

    27a. La parroquia cuenta con un equipo de líderes laicos y/o religiosos, con el párroco, que están formados para acompañar en el proceso de discipulado y se encargan de su organización.

  • Si nos fijamos en cómo nacieron las fraternidades o CEMI, vemos que partieron de un líder carismático que movilizó a un grupo de jóvenes inquietos con ganas de sentirse parte de algo hecho por ellos. A cada uno nos vendrán los nombres de los religiosos que hemos conocido en este rol. No es ningún secreto, así pasa con cualquier grupo que arranca. 

    Lo que nos falta ahora es aprender cómo han de madurar estos grupos para que sean a su vez generadores de vida y cómo esa responsabilidad que se dio a los primeros se ha de seguir dando a cada nueva generación que comienza. Además, los nuevos líderes carismáticos ya no han de ser los religiosos, desde el momento en que tenemos laicos marianistas adultos, ellos deben ser los nuevos referentes para los jóvenes junto con los religiosos.

    No podemos estar cada año empezando las cosas de cero, pero aún hay muchas cosas que están por construir y que son oportunidades para vivir la experiencia de crear algo propio desde cero. Una opción para seguir esta dinámica de construir algo nuevo hoy, puede ser, donde no exista, tomar como misión de fraternidades y/o de CEMI la constitución de la comunidad de fe, o con un grupo de jóvenes si tampoco hay laicos marianistas con la suficiente fuerza actualmente.

    Además, nuestra falta de tiempo o de capacidad para gestionarlo todo es la oportunidad perfecta para forzarnos a trabajar codo con codo con los jóvenes que tienen más tiempo, energías y cercanía a la realidad de los otros jóvenes. Eso, sin duda les vinculará más fuertemente con la Familia Marianista.

    Cito una vez más a Ignacio Otaño que recoge estas intuiciones sobre la responsabilidad del congregante en tiempo de Chaminade:

    “El congregante de las comunidades laicales del P. Chaminade no es sólo un hombre piadoso y devoto, como corrían el riesgo de considerarse los supervivientes de las antiguas congregaciones, sino que todo congregante tiene una misión adaptada a sus posibilidades. «En virtud de la dignidad bautismal común, el fiel laico es corresponsable, junto con los ministros ordenados y con los religiosos y religiosas, de la misión de la Iglesia». […] La misión no está reservada a una élite de inteligentes o especialmente dotados sino que es patrimonio de todos. […] no hay trabajo ni misión que merezca o desmerezca por su categoría o por el rango social del que lo realiza. […] Unos y otros, en lo mucho o poco que puedan hacer, se sienten participantes de la obra que lleva a cabo la comunidad.” (Pág. 3-4)

  • En  nuestro carisma, los laicos son los primeros acompañantes de otros laicos, por eso, hacerse presentes en los colegios aportando lo que pueda cada uno, no sólo es nuestra misión genuina, sino que es también la mejor forma de crecer como Familia y de dar a conocer lo que son las fraternidades o CEMI. Estas aportaciones pueden ser: acompañar ejercicios, acompañamiento personal a alumnos, a monitores, o incluso a profesores, colaborar en la cocina de campamentos o cosas similares.

  • La responsabilidad del laico es indiscutible en nuestro carisma tal y como leemos en una carta de Chaminade a Adela que recoge Ignacio Otaño:

    “Le diré mi secreto… Hace catorce años entraba yo de nuevo en Francia con el carácter de

    Misionero apostólico para toda nuestra desgraciada patria… Pensé que no había mejor manera de ejercer esas funciones que creando una congregación tal como ahora existe. Cada congregante, cualquiera que sea su sexo, edad y estado de vida, debe ser un miembro activo de la misión…” (Pág. 30)

    Corresponde ahora retomar esa responsabilidad que se ha ido cediendo, en muchos casos, a los religiosos y que no la pueden ni deben seguir asumiendo si queremos ser fieles al carisma de nuestra Familia.

  • Como vemos en nuestro carisma, Chaminade está abierto a acoger a todo tipo de personas sea cual sea su nivel de vida cristiana, pero no para que se mantengan en la indefinición, sino para recorrer con ellos un camino de iniciación en la vida cristiana dentro de la comunidad.

    “Chaminade quiere mostrar claramente que, en la congregación, existen personas con distinto nivel de vida cristiana y sostiene que es preciso que la comunidad siga acogiendo a personas que no tienen una buena educación religiosa previa o que han estado alejadas de la fe, pero quieren realmente crecer en su vida cristiana en el seno de la congregación.” (Pág. 50)

    Este es un matiz importante que se nos olvida a veces y nos limitamos a estar abiertos a todo y a todos, pero sin pedir la segunda parte que “quieran realmente crecer en su vida cristiana en el seno de la congregación”, y la apertura se convierte en una falta de exigencia y en indefinición por un falso respeto al nivel de cada uno. El fin no es aceptarlo todo, el fin es llevar a Jesús a todos.

  • A veces, sin darnos cuenta, dentro de la Familia Marianista, lanzamos comentarios que condicionan el futuro construyéndolo de una manera determinada, minando el ánimo de las personas y alterando su idea de las cosas hasta hacer realidad lo que no lo era tal y como recoge el Efecto Pigmalión. 

    Por ese mismo principio, podemos hacer un condicionamiento positivo bendiciendo en vez de maldecir a las personas e iniciativas, pasando de un entorno hostil, a un entorno seguro en el que poder expresar diferentes opiniones, no porque todo el mundo piense igual, sino porque todo el mundo modera su vehemencia, para dejar espacio a otras voces que no gozan a priori de tanta seguridad y respaldo.

  • Cuando comenzamos a acompañar a un grupo de jóvenes para que se constituyan como comunidad, no debemos confundir medios con fines. Debemos atender la necesidad de Dios y recordar que lo importante no es que sean fraternos o CEMI, lo importante es cubrir la verdadera necesidad de los jóvenes de encontrarse con Dios y que sea él quien llene su vacío. Nosotros siempre les presentaremos explícitamente la puerta abierta de nuestro carisma, pero ese carisma no ha de ser impedimento ni repelente para que creen su propia comunidad donde encontrarse con Jesús.

    Ignacio Otaño cita a Juan Pablo II para hablar de la importancia de la comunidad para llevar una vida plena y con sentido:

    «En lo que respecta al sentido comunitario de los laicos, la Christifideles laici dice que: Sobre todo en un mundo secularizado, las diversas formas agregativas pueden representar para muchos una ayuda preciosa para una vida coherente con las exigencias del evangelio y para un compromiso misionero y apostólico» (Pág. 4)

  • Antes de la existencia de la vida religiosa marianista, Chaminade pide a un grupo determinado la misma vivencia que a los congregantes, pero con más radicalidad y dedicación. Hoy esto nos puede resonar también en la vida religiosa heredera de ese “Estado” y, a la vez, estar atentos también al peligro que apunta:

    El fin y las características de ese «estado religioso en el mundo» coinciden con los de la congregación, pero vividas con más radicalidad y dedicación […] «los jóvenes que pertenecen al centro de la congregación son los que… han tomado una más fuerte determinación para progresar en la virtud y trabajar en el sostenimiento y propagación de la congregación» […] no se trata de añadir nada al ser de cristiano sino de potenciar esa vocación de bautizado […] «podrían derivarse inconvenientes del hecho de que pareciese que ellos hacen más cosas; lo único que hace falta es que hagan mejor» […] «no hacen los votos de religión pero deben tomar su espíritu» […] «procurarán conocer los consejos evangélicos. Pedirán a Dios poder saborearlos, agradecerán a menudo los santos compromisos adquiridos». (Pág. 54-55) Un núcleo no reconocido, sin existencia oficial, podría evitar la desaparición de la congregación en tiempos de nuevas persecuciones […] quizá el motivo más fuerte de Chaminade para el «secreto» estuviese en el deseo de que los miembros del «Estado» fuesen levadura dentro de la masa sin ser notados y, al mismo tiempo, no imponer a todos los congregantes un tipo de vida prácticamente equivalente al estado religioso. […] «Si la élite hubiese formado abiertamente una asociación particular, la congregación habría corrido el riesgo de tomar un carácter de perfección que inevitablemente apartaría de ella a los débiles, vacilantes, o sea, precisamente los que había que transformar en buenos cristianos […]  El «Estado» va evolucionando hacia un Instituto religioso […] «desapareció tras la fundación de la Compañía de María» (Pág. 58-59)

    Para lograr esa mayor radicalidad, es necesario entrar en la espiral de perfeccionamiento entendido, no como virtud sino como belleza, como apunta José Cristo Rey García Paredes, haciendo referencia a la Filocalia como ese “amor a lo bello” que contenía el conjunto de enseñanzas de los maestros espirituales. La formación es un proceso de embellecimiento, lo contrario es la deformación que afea. La belleza salvará a la comunidad, dice. Habla de una realidad como un conjunto de fragmentos desconectados que han de integrarse con el resto por medio de la formación. No basta con el bautismo ni la profesión religiosa como piezas que ocurren en la vida, hay que entrar en procesos de formación como en una continua espiral de la belleza.

  • José Cristo Rey García Paredes nos decía, en una formación de CONFER sobre la recuperación de la belleza de la vida religiosa que, nuestro Dios, igual no quiere tener tantas congregaciones dispersas si no una vida religiosa unida. Y nos animaba a poner nuestros carismas en danza, con otro modelo comunitario. A rehacer los propios esquemas y explorar nuevas formas de entrar en comunión. Y hablaba también de que, en los cambios de comunidad, algunos, van al nuevo destino con el “hijo” de la anterior comunidad cuando, en realidad, lo tienen que sacrificar, como hizo Abrahán. 

    No podemos ir sumando y arrastrando piedras y cargándoselas a otros conforme sumamos años. Si no somos capaces de transformar la comunidad y dejarnos transformar por ella, mucho menos pasará dentro de la Iglesia que hoy nos demanda una vida religiosa renovada. Todos hemos recibido el carisma marianista para ponerlo al servicio de la Iglesia y en nuestro caso concreto, para la propagación de la fe, para traer a Jesús al mundo. Esa es nuestra belleza singular que debemos recuperar y ofrecer a la Iglesia.

  • En mecánica, el volante de inercia sirve, simplificando mucho, para aumentar el rendimiento en el almacenamiento de la energía, aprovechando la energía cinética. Es decir: conseguir que la energía o esfuerzo aportado, se multiplique y prolongue en el tiempo lo más posible, haciendo que no haya que añadir mucha más fuerza, para mantener o elevar considerablemente el rendimiento. 

    Es lo que pasa con los retiros Emaús o Effetá, tienen una serie de claves fundamentales como fuerza inicial y las mantienen y amplifican, sin añadir mucha más fuerza, consiguiendo un efecto multiplicador muy grande en la propagación de la fe. También nosotros podemos poner nuestras mejores claves a funcionar de esta manera.

    Así, la preparación de las cosas, encontrando los procesos adecuados que funcionen como en el ejemplo del volante de inercia, nos ayudaría a maximizar los resultados sin sobreesfuerzos, no sólo en actividades de impacto, sino en cada cosa que hagamos. Además, esto es lo propio de nuestro carisma si miramos cómo Chaminade buscaba, en todo momento, los medios que más favorecieran a la misión de transformar toda Francia. 

    Continuando con esto de la inercia, al final, las tradiciones son también como otro volante de inercia, pero ya ineficiente y que sólo nos hace perder energía. Por eso, nos interesaría encontrar una estrategia que movilice a los mayores en la dirección que potencie toda la fuerza y el Espíritu que aún pueden aportar para transformar a los jóvenes.

  • La realidad sociocultural de los jóvenes es muy distinta a como era hace 30 o 40 años cuando se formaron las Comunidades Laicas Marianistas en distintas ciudades de España, así que no podemos esperar que las cosas sigan haciéndose igual cuando nos planteamos la incorporación de jóvenes a fraternidades o CEMI. 

    Damos por hecho que los jóvenes conocen y entienden las mismas palabras y conceptos que nosotros, pero no es así. Si mantienes una conversación con un grupo de jóvenes, verás que usas expresiones cuyo significado no comprenden ellos, y viceversa. Bajo esta reflexión, un grupo de chicas decidió poner en marcha la iniciativa Ac2ality que en 1 minuto te ofrece una noticia de actualidad contada con un lenguaje verbal y audiovisual muy diferente, evitando o explicando conceptos que en otros medios se dan por sabidos.

    Por otra parte, en palabras de Florentino Pérez: “El fútbol, que es el único deporte global que existe en el mundo, va perdiendo interés cada día, sobre todo entre los más jóvenes y si no hacemos algo, tendrá un mal futuro” Hace tiempo que pasó esto con la Iglesia y seguimos sin plantearnos un cambio radical en las formas, pero van surgiendo otras iniciativas entre jóvenes que tienen más éxito porque pueden participar.

    Si no aceptamos un cambio en las reglas del juego, los jóvenes no querrán jugar con nosotros. Un ejemplo reciente de esto lo estamos viviendo con la irrupción de la Kings League como alternativa para los jóvenes a la liga “de toda la vida”. Los jóvenes rechazan el inmovilismo que convierte a los medios en fines. Al final, lo que produce esta barrera es la indiferencia del jóven hacia las cosas del mayor y la consiguiente desconexión entre generaciones.

    Con todo esto, deberíamos plantearnos que el proceso de creación de la comunidad ha de ser diferente, con otras condiciones, con otras reglas del juego, con otro lenguaje, y que ha de venir de los propios jóvenes que se sientan más vinculados a la Familia Marianista.

  • Cuando trabajamos con los jóvenes en la preparación de una actividad, o para dar nuevos pasos en la integración en la gran comunidad, conviene llevar las cosas bien pensadas por nuestra parte, pero dejar que sean los jóvenes los que lleguen a las conclusiones y decidan, hasta el punto de poder renunciar nosotros a todo lo que llevábamos pensado, siempre y cuando sea coherente con el espíritu de la comunidad.

    Esta forma de hacer partícipes a los laicos formados y apasionados nos hace crecer a todos y acerca a las distintas generaciones. Ignacio Otaño nos cuenta algo parecido que hacían los primeros congregantes:

    «Los laicos son un medio de gran valor para propagar la instrucción. En todos los tiempos, y sobre todo en tiempos de persecución, la Iglesia se ha valido de ellos con muy buenos resultados. Así pues, los ministros elegirán cuidadosamente, de entre los fieles que los rodean, a aquellos que, firmes en la fe, llenos de celo e instruidos, quieran compartir su solicitud por la salvación de las almas. Les harán ver la importancia de esta labor y lo beneficiosa que será tanto para la Iglesia como para su propia salvación. Les dirán el honor que supone ser catequista y lo venerada que ha sido esta tarea en todos los tiempos por los verdaderos fieles. Pero no será la instrucción el único campo en el que los laicos prestarán su ayuda, sino que también hay otros igualmente preciosos y adecuados para propagar la fe». (p23)

    En definitiva, debemos ser acompañantes o líderes capaces de hacer hacer al joven, que construya su propia comunidad y diseñe y lleve a cabo sus iniciativas para vivir la fe con otros jóvenes incorporándose a la Iglesia y a la Familia Marianista, es decir, darles a ellos el protagonismo y pasar a ser nosotros los actores secundarios que en la sombra hacemos posibles las cosas.

  • Poco a poco la pequeña comunidad ha de ir dando pasos derribando las barreras que les separan de los acompañantes mayores y de las otras comunidades que se integran en la gran comunidad.

    Un fenómeno “curioso” es que muchos de nuestros jóvenes se prestan a acompañar a chicos y chicas de los grupos de fe, pero a su vez, ellos no se dejan acompañar por gente mayor. No se sienten cómodos, o no creen necesitar este apoyo y prefieren quedarse en los iguales como únicos referentes. Como acompañantes, no debemos hacernos “como uno más” entre los jóvenes sino lograr que nos reconozcan como “de su estilo”. Han de ser ellos los que nos autoricen, hemos de ganar la confianza para ser sus acompañantes. En algunos casos, además, no se sienten cómodos hablando de ciertos temas con religiosos o con gente mayor a quienes les atribuyen estereotipos culturales o formas de pensar predeterminadas que les hacen sentirse juzgados o incomprendidos. Este halo de perfección, clericalismo o ideologías se vuelve una barrera en el acompañamiento a una comunidad que inicia su recorrido.

    Esto contrasta con lo que nos cuenta Ignacio Otaño de los orígenes de la Compañía de María y de cómo Chaminade acompañaba a esos primeros religiosos: “Unidos entre ellos por la amistad desde hacía tiempo, tenían una confianza ilimitada de unos con otros y con el P. Chaminade. […] Ni rigoristas ni exclusivos, ni aferrados a los usos y costumbres antiguos y accesorios, desprendidos de todo prejuicio y de toda influencia de partido, los nuevos religiosos iban sencillamente a Dios. […] No tomaron ningún hábito. Se acordó también evitar todo lo que de alguna manera podría llamar la atención. Se evitó la denominación de Padre, Hermano, Superior…Se llamaban ‘señor…’ (Don…). Por lo demás, esa ausencia de formas monacales era una de las razones de ser de la Compañía de María.” Es lo que se recoge también en la frase clásica de “Estar en el mundo sin ser del mundo”. 

    Sin embargo, ahora no estamos en esta posición. Hace 30 años, cuando los religiosos empezaban a dar clase, o a dirigir internados, se llevaban muy pocos años con los jóvenes, para bien o para mal. Ahora no hay ningún religioso, ni los mal llamados jóvenes, que se lleve menos de 30 o 40 años con los jóvenes. Sin embargo, estamos igualmente llamados a ganarnos la confianza y el respeto para que vean en nosotros unos compañeros de camino que no sólo no necesitan ser cercanos en edad, sino que además, por no serlo, tienen más que aportarles.

  • Es importante que, desde el principio, los jóvenes tomen conciencia de que hay una comunidad mayor, para eso, una estrategia podría ser la de proponer que parte de la reunión de mi pequeño grupo sea conjunta con el resto de fraternidades de 1º año y la otra sea con la pequeña comunidad. Esto hay que equilibrarlo muy bien con la necesidad, mucho mayor, de que los jóvenes se conviertan, primero, en comunidad entre ellos, cosa nada obvia y que no ocurre de forma espontánea al salir del colegio. Si los juntamos porque vienen pocos, en realidad ya estamos teniendo un problema de creación de la comunidad y mezclarlos con otra gente puede romper más aún el vínculo entre ellos.

    Por otra parte, solemos invitar a los jóvenes a un montón de cosas, como si la saturación en la oferta fuese a aumentar la probabilidad de su participación en algo. Además, muchas de las cosas que convocamos, no las vivimos nosotros mismos. Son propuestas artificiales creadas para atraer a los jóvenes, o bien que hacemos por inercia, manteniendo algo que un día funcionó pero que ha ido muriendo. En lugar de eso, deberíamos invitar a lo que hacemos y vivimos por gusto, para que el éxito no dependa de la presencia de los jóvenes si no de la presencia de Dios. No es lo mismo que el joven me vea rezar que que me vea dirigir o estar de espectador en una oración. Lo que se vive se ve y se contagia.

  • Entre las “57 Buenas prácticas en parroquias” obtenidas del análisis de 200 comunidades parroquiales de España donde colaboró la Fundación SM, encontramos la dimensión orante y la propuesta de recuperar el ministerio de intercesión como clave de éxito. Estas son algunas de las claves que nos acercan a esta idea:

    1. La parroquia dispone de espacios y tiempos apropiados para la vivencia de las diferentes formas de oración, personal y comunitaria.
    2. Para los servicios o ministerios en la parroquia, u otras misiones, se realizan diferentes celebraciones comunitarias, integrando acción de gracias, intercesión, bendición y «envío».
    3. La parroquia ha constituido el ministerio/servicio de intercesión, especialmente, por las personas que están siendo invitadas a la fe en el primer anuncio o han entrado en el discipulado.

    Es decir, que hay un grupo de personas, cuyo ministerio en la comunidad es rezar por los que están viviendo el primer anuncio o comienzan su andadura en la comunidad a través del discipulado.

    En esta misma clave de los ministerios para acompañar a los que comienzan su andadura en nuestra familia carismática, vemos que hacen falta bastantes acompañantes implicados en las actividades. No porque estas lo requieran por su complejidad o número de participantes, si no por el testimonio de vida y de servicio a la comunidad que aportan, porque lo que evangeliza es la propia vida, no los discursos. Rezar juntos, convivir, participar como uno más, ser accesible y cercano para propiciar un acompañamiento personal puntual o prolongado, todo eso no lo hace una sola persona con un grupo numeroso de jóvenes. El modelo de hombre orquesta ya pasó a la historia y, además, lo nuestro es la comunidad.

  • En los primeros años de recorrido de una comunidad, no nos ha de dar miedo ofrecer contenidos sobre el carisma y sobre las cosas básicas del cristianismo: María, Jesús, el Credo… Estas son cosas que ya no traen ni de casa ni del colegio, aunque vengan de un Colegio Marianista. Chaminade hacía mucho hincapié en la importancia de transmitir estos fundamentos, entre otras cosas porque su objetivo era recristianizar Francia, y en nuestro caso, estamos en un escenario similar, en el que nos planteamos volver al primer anuncio por la pérdida de la cultura religiosa en nuestra sociedad.

    Además, en la iniciación, hay que presentar el carisma de Chaminade, en el sentido de los congregantes y de la Madeleine, como proyecto y como sueño ilusionante, para que desarrollen el deseo de pertenencia a una rama de la Familia Marianista y el sentido de gran comunidad dentro de la Iglesia bajo el carisma marianista, como algo que entusiasma, porque es nuevo y transformador, porque tiene algo que aportar a nuestro tiempo, no porque sea una estructura que hay que sostener en nuestro tiempo para que no se extinga.

  • En tiempo de los primeros congregantes, las agrupaciones cristianas se juntaban para llevar a cabo actos de piedad, sin embargo, Chaminade ve importante priorizar la formación. En la actualidad, aunque el déficit de oración es muy grande y no hay que descuidarlo, vemos también una carencia formativa básica en tema religioso y en el conocimiento de uno mismo  que se podría abordar en la etapa de iniciación.

    “Respecto a las antiguas congregaciones, aunque se dé importancia a los actos de piedad, un rasgo diferenciador es la sustitución de algunas de esas prácticas por la Instrucción”. (p50)

    Siguiendo con el tema del crecimiento personal, vemos que la salud mental está muy deteriorada, especialmente entre los jóvenes. Este problema se refuerza con el individualismo, mientras que el apoyo de una comunidad sana en la que vivir un entorno seguro, es el contexto ideal para sanar al herido. Cuidar estos temas en la iniciación, no sólo fortalecerá los lazos de la comunidad, sino que, además, sería una aportación muy valiosa a los jóvenes que asisten cada vez más a terapia psicológica, individual o grupal.

Guía de estilo Marianista