Familia Marianista

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  • Responsabilidad – Iniciación [2]

    Responsabilidad – Iniciación [2]

    Nuestras fraternidades y CEMI surgieron de líderes carismáticos que movilizaron a jóvenes inquietos. Ahora, debemos aprender cómo madurar y pasar la responsabilidad a nuevas generaciones. Los laicos adultos deben ser referentes junto con los religiosos. No podemos empezar cada año desde cero; debemos construir con los jóvenes y aprovechar su tiempo y energía. Como dice… Ver contenido

  • Acompañantes – CLM [2]

    Acompañantes – CLM [2]

    En nuestro carisma, los laicos son los primeros acompañantes de otros. La misión genuina implica estar en colegios, ofreciendo apoyo en ejercicios, acompañamiento personal y colaboración en actividades. Esto no solo fortalece nuestra Familia, sino que difunde las fraternidades o CEMI. Ver contenido

  • Responsabilidad – CLM [2]

    Responsabilidad – CLM [2]

    La responsabilidad del laico es fundamental en nuestro carisma, como nos recuerda Chaminade en una carta a Adela. Es hora de retomar esa responsabilidad que, en muchos casos, se ha cedido a los religiosos. Los laicos deben ser miembros activos de la misión si queremos ser fieles al carisma de nuestra Familia. Ver contenido

  • Apertura – Iniciación [2]

    Apertura – Iniciación [2]

    Chaminade promueve la acogida de personas con distintos niveles de vida cristiana, pero también enfatiza la importancia de que deseen crecer en su fe dentro de la comunidad. La apertura no debe ser pasiva, sino orientada hacia el crecimiento espiritual en comunidad. Ver contenido

  • Entorno – Familia [2]

    Entorno – Familia [2]

    En la Familia Marianista, nuestros comentarios pueden condicionar el futuro de manera positiva o negativa, según el principio del Efecto Pigmalión. Optemos por bendecir en lugar de maldecir a personas e iniciativas, creando un entorno seguro para la expresión de opiniones diversas y moderando nuestra vehemencia para dar espacio a todas las voces. Ver contenido

  • Instrumentalización – Familia [1]

    Instrumentalización – Familia [1]

    En ocasiones, nos limitamos a pedir ayuda a un círculo reducido de personas, sin considerar si están en un momento vital adecuado. Esto puede llevar a agotar su capacidad de entrega y compromiso. Culpar a la persona por no decir ‘no’ refleja una preocupación por el proyecto más que por su bienestar, socavando la cultura… Ver contenido

  • Vacío – Familia [1]

    Vacío – Familia [1]

    Chaminade identifica la ‘herejía de su tiempo’ y la contrarresta confiando en María. Esta herencia es relevante hoy. Su lucha contra la indiferencia religiosa y la Revolución refleja los desafíos modernos. Como él, debemos emprender nuevos combates por el reino de Dios a través de María. Ver contenido

  • Reconocimiento – Creación [1]

    Reconocimiento – Creación [1]

    El joven, al crear su comunidad, requiere autonomía en su proceso y sentir el respeto de los mayores. El acompañamiento implica un equilibrio entre intervenir demasiado y dejarlo todo listo, requiriendo paciencia, apertura y constancia para facilitar el diálogo intergeneracional. Ver contenido

  • Libertad – Creación [1]

    Libertad – Creación [1]

    Debemos confiar en la libertad del joven, como lo hizo Dios al crear al ser humano. Darles espacio para distanciarse, tomar decisiones y volver. Como el padre del hijo pródigo, debemos acogerlos con brazos abiertos, demostrando alegría por su retorno. Así estarán listos para formar su comunidad dentro de la Familia Marianista. Ver contenido

  • Instrumentalización – Iniciación [1]

    Instrumentalización – Iniciación [1]

    En muchas fraternidades, la fidelidad se convierte en un compromiso mecánico más que en una respuesta a una llamada interior. Algunos miembros permanecen por lealtad a un compromiso, no por sentir la necesidad de vivir la fe en comunidad. Incluso después de dejar la fraternidad, siguen en el grupo de WhatsApp, quizás por inercia o… Ver contenido

  • Reconocimiento – Iniciación [1]

    Reconocimiento – Iniciación [1]

    Es fundamental que la participación de los jóvenes evolucione hacia una corresponsabilidad real en la toma de decisiones dentro de la comunidad. Sobreprotegerlos puede socavar su sentido de madurez y pertenencia, impidiendo su integración como miembros en igualdad de condiciones. Ver contenido

  • Instrumentalización – VR [1]

    Instrumentalización – VR [1]

    En la vida religiosa, es vital cultivar vínculos estables más allá de simples relaciones. Javier de la Torre nos recuerda que el bienestar psicológico se encuentra en vínculos sanos. Debemos superar la tentación de la eficiencia y el utilitarismo en nuestras relaciones, para forjar vínculos desinteresados que trasciendan la mera convivencia cordial. Ver contenido

  • Protagonismo – Creación [1]

    Protagonismo – Creación [1]

    Propiciar que los jóvenes elijan a su primer acompañante dentro de un grupo de personas disponibles les otorga protagonismo en la creación de su comunidad. Esto fomenta la confianza y evita que perciban al acompañante como una figura autoritaria, permitiendo una relación más auténtica y significativa en su proceso de formación y crecimiento espiritual. Ver contenido

  • Fe – Creación [1]

    Fe – Creación [1]

    La creación de una comunidad a menudo comienza con el deseo de mantener la amistad, pero rara vez con un enfoque claro en buscar a Dios juntos. Mientras las amistades están sujetas a las circunstancias de la vida, una comunidad centrada en la búsqueda de Dios siempre tendrá nuevas metas. Apelar a la experiencia de… Ver contenido

  • Preparación – VR [1]

    Preparación – VR [1]

    La vida religiosa requiere ritos que reflejen belleza y comunidad. Necesitamos diseñar nuevos rituales que lo logren, pero esto demanda preparación y tiempo. Los laicos jóvenes pueden ser clave en este proceso de creación. Es hora de buscar esa nueva belleza que inspire y trascienda. Ver contenido

  • Apasionar – VR [1]

    Apasionar – VR [1]

    Transmitir nuestra fe no debería ser imponer mandatos, sino seducir con pasión y autenticidad. Jesús enseñó con autoridad y atrajo a través de valores que inspiran. Debemos mostrar la pasión y la alegría en nuestra entrega a la misión, los votos, la oración y la vida comunitaria, para seducir a otros con nuestro ejemplo. Ver contenido

  • Escucha – Creación [1]

    Escucha – Creación [1]

    Escuchar y comprender las necesidades de los jóvenes es fundamental para construir una comunidad auténtica. Siguiendo el ejemplo de Chaminade, debemos adaptar nuestras acciones a las necesidades del momento, buscando siempre nuevas formas de responder a sus inquietudes y deseos. Ver contenido

  • Plan – Iniciación [1]

    Plan – Iniciación [1]

    La coherencia en los itinerarios y modelos de fe y comunidad dentro de la Familia Marianista nos igualaría en nuestras propuestas para los jóvenes. Siguiendo modelos repetibles, como en deporte, podríamos avanzar juntos y evitar la disparidad entre ciudades. Esta idea, heredada de las ‘misiones populares’ del siglo XVII, requiere una marca y un plan… Ver contenido

  • Fe – Iniciación [1]

    Fe – Iniciación [1]

    La misión no debe anteponerse a la vivencia de la fe en comunidad. Muchas veces, el servicio absorbe tanto tiempo que descuidamos nuestra vida comunitaria. No somos una ONG; la misión sin fe y sin el respaldo de la comunidad es un voluntariado egoísta. Necesitamos integrar la misión como parte de nuestra vida cristiana, no… Ver contenido

  • Formas – Familia [1]

    Formas – Familia [1]

    En la preparación de la oración, es esencial cuidar la estructura, los contenidos y la música. Idealmente, contar con música en vivo facilita la participación, pero debemos asegurar coherencia entre canciones y tema. Además, los recursos tecnológicos o en papel deben ser prácticos y respetar la centralidad en Dios. Ver contenido

  • Visibilizar – Iniciación [1]

    Visibilizar – Iniciación [1]

    Los encuentros deben ser momentos abiertos de acogida, donde se pueda conocer a otros miembros de la comunidad y convivir con ellos. Al visibilizar esa vida comunitaria, se puede atraer a más personas hacia una pertenencia más intensa. Recordemos las palabras de Ignacio Otaño sobre la importancia de la acogida en los encuentros públicos. Ver contenido

  • Espíritu – Iniciación [1]

    Espíritu – Iniciación [1]

    Al acompañar una comunidad incipiente, confiemos en el Espíritu para inspirar nuestras palabras y escuchar las necesidades de cada uno. No podemos prever su impacto ni las necesidades individuales. Como en Pentecostés, dejemos que el Espíritu hable a través de nosotros, ofreciendo la orientación necesaria para cada paso del camino. Ver contenido

  • Comunicación – VR [1]

    Comunicación – VR [1]

    La falta de comunicación interna en la vida religiosa afecta la eficacia en el trabajo con los jóvenes y lleva al rechazo de iniciativas no pastorales. Es crucial mejorar la transmisión del Proyecto Provincial para fomentar la participación y evitar la desafección. Podemos ser más creativos en la comunicación, utilizando medios como vídeos estructurados en… Ver contenido

  • Visibilizar – CLM [1]

    Visibilizar – CLM [1]

    Fomentar la coordinación entre las comunidades laicas puede fortalecer el sentido de pertenencia y comunidad. Establecer un espacio de reunión común y una eucaristía compartida puede propiciar interacciones y promover la conciencia de pertenecer a un cuerpo más amplio. Ver contenido

  • Visibilizar – VR [1]

    Visibilizar – VR [1]

    Es crucial mostrar la vitalidad de la vida religiosa, tanto interna como externamente. A pesar de las limitaciones en algunas comunidades, podemos crear una comunidad ‘virtual’ donde los hermanos compartan experiencias y vivan la vida comunitaria de manera auténtica. Esto refleja la belleza de nuestra vocación y atrae a nuevos miembros. Ver contenido

  • Iguales – CLM [1]

    Iguales – CLM [1]

    Nuestro estilo inicial reflejaba una asamblea abierta al público dominical, donde los laicos tomaban la palabra, semejante a las reuniones protestantes. El énfasis estaba en el laico como predicador, utilizando su lenguaje y medios de comunicación para atraer la atención de otros laicos. Ver contenido

  • Estructuras – Iniciación [1]

    Estructuras – Iniciación [1]

    Flexibilizar las estructuras en la etapa de iniciación de la comunidad es clave. Las fraternidades deben renacer de la mano de los jóvenes, sin perder su sentido. Chaminade, como Misionero Apostólico, supo salvar la rigidez estructural para revitalizar la fe en Francia, integrándose en la Iglesia con libertad y apostolado nuevo. Ver contenido

  • Identidad – Familia [1]

    Identidad – Familia [1]

    En la identidad de la Familia Marianista, cada rama surgió con un propósito dentro de la misión común de revitalizar el cristianismo en Francia. Es crucial recuperar y redefinir el papel de cada rama hoy para volver a nuestra identidad original. Según Lalanne, Chaminade creía que la restauración del cristianismo en Francia dependía de la… Ver contenido

  • Oración – Creación [1]

    Oración – Creación [1]

    La oración emerge como centro vital en las comunidades juveniles, forjando auténtica comunión. Sin priorizar lo intelectual, la comunidad deviene en grupo sin cohesión. La formación surge tras consolidar la oración como eje, inspirada en la espiritualidad marianista y los cinco silencios de Chaminade. Ver contenido

  • Signos – Creación [1]

    Signos – Creación [1]

    Hakuna ha sido un ejemplo de estar al acecho de la Providencia, creando tendencia en la música católica. Chaminade, como San Ignacio, nos enseña a usar los medios para la santificación y la salvación de las almas, sin rechazar nada que pueda ser designio de la Providencia. Ver contenido

  • Si nos fijamos en cómo nacieron las fraternidades o CEMI, vemos que partieron de un líder carismático que movilizó a un grupo de jóvenes inquietos con ganas de sentirse parte de algo hecho por ellos. A cada uno nos vendrán los nombres de los religiosos que hemos conocido en este rol. No es ningún secreto, así pasa con cualquier grupo que arranca. 

    Lo que nos falta ahora es aprender cómo han de madurar estos grupos para que sean a su vez generadores de vida y cómo esa responsabilidad que se dio a los primeros se ha de seguir dando a cada nueva generación que comienza. Además, los nuevos líderes carismáticos ya no han de ser los religiosos, desde el momento en que tenemos laicos marianistas adultos, ellos deben ser los nuevos referentes para los jóvenes junto con los religiosos.

    No podemos estar cada año empezando las cosas de cero, pero aún hay muchas cosas que están por construir y que son oportunidades para vivir la experiencia de crear algo propio desde cero. Una opción para seguir esta dinámica de construir algo nuevo hoy, puede ser, donde no exista, tomar como misión de fraternidades y/o de CEMI la constitución de la comunidad de fe, o con un grupo de jóvenes si tampoco hay laicos marianistas con la suficiente fuerza actualmente.

    Además, nuestra falta de tiempo o de capacidad para gestionarlo todo es la oportunidad perfecta para forzarnos a trabajar codo con codo con los jóvenes que tienen más tiempo, energías y cercanía a la realidad de los otros jóvenes. Eso, sin duda les vinculará más fuertemente con la Familia Marianista.

    Cito una vez más a Ignacio Otaño que recoge estas intuiciones sobre la responsabilidad del congregante en tiempo de Chaminade:

    “El congregante de las comunidades laicales del P. Chaminade no es sólo un hombre piadoso y devoto, como corrían el riesgo de considerarse los supervivientes de las antiguas congregaciones, sino que todo congregante tiene una misión adaptada a sus posibilidades. «En virtud de la dignidad bautismal común, el fiel laico es corresponsable, junto con los ministros ordenados y con los religiosos y religiosas, de la misión de la Iglesia». […] La misión no está reservada a una élite de inteligentes o especialmente dotados sino que es patrimonio de todos. […] no hay trabajo ni misión que merezca o desmerezca por su categoría o por el rango social del que lo realiza. […] Unos y otros, en lo mucho o poco que puedan hacer, se sienten participantes de la obra que lleva a cabo la comunidad.” (Pág. 3-4)

  • En  nuestro carisma, los laicos son los primeros acompañantes de otros laicos, por eso, hacerse presentes en los colegios aportando lo que pueda cada uno, no sólo es nuestra misión genuina, sino que es también la mejor forma de crecer como Familia y de dar a conocer lo que son las fraternidades o CEMI. Estas aportaciones pueden ser: acompañar ejercicios, acompañamiento personal a alumnos, a monitores, o incluso a profesores, colaborar en la cocina de campamentos o cosas similares.

  • La responsabilidad del laico es indiscutible en nuestro carisma tal y como leemos en una carta de Chaminade a Adela que recoge Ignacio Otaño:

    “Le diré mi secreto… Hace catorce años entraba yo de nuevo en Francia con el carácter de

    Misionero apostólico para toda nuestra desgraciada patria… Pensé que no había mejor manera de ejercer esas funciones que creando una congregación tal como ahora existe. Cada congregante, cualquiera que sea su sexo, edad y estado de vida, debe ser un miembro activo de la misión…” (Pág. 30)

    Corresponde ahora retomar esa responsabilidad que se ha ido cediendo, en muchos casos, a los religiosos y que no la pueden ni deben seguir asumiendo si queremos ser fieles al carisma de nuestra Familia.

  • Como vemos en nuestro carisma, Chaminade está abierto a acoger a todo tipo de personas sea cual sea su nivel de vida cristiana, pero no para que se mantengan en la indefinición, sino para recorrer con ellos un camino de iniciación en la vida cristiana dentro de la comunidad.

    “Chaminade quiere mostrar claramente que, en la congregación, existen personas con distinto nivel de vida cristiana y sostiene que es preciso que la comunidad siga acogiendo a personas que no tienen una buena educación religiosa previa o que han estado alejadas de la fe, pero quieren realmente crecer en su vida cristiana en el seno de la congregación.” (Pág. 50)

    Este es un matiz importante que se nos olvida a veces y nos limitamos a estar abiertos a todo y a todos, pero sin pedir la segunda parte que “quieran realmente crecer en su vida cristiana en el seno de la congregación”, y la apertura se convierte en una falta de exigencia y en indefinición por un falso respeto al nivel de cada uno. El fin no es aceptarlo todo, el fin es llevar a Jesús a todos.

  • A veces, sin darnos cuenta, dentro de la Familia Marianista, lanzamos comentarios que condicionan el futuro construyéndolo de una manera determinada, minando el ánimo de las personas y alterando su idea de las cosas hasta hacer realidad lo que no lo era tal y como recoge el Efecto Pigmalión. 

    Por ese mismo principio, podemos hacer un condicionamiento positivo bendiciendo en vez de maldecir a las personas e iniciativas, pasando de un entorno hostil, a un entorno seguro en el que poder expresar diferentes opiniones, no porque todo el mundo piense igual, sino porque todo el mundo modera su vehemencia, para dejar espacio a otras voces que no gozan a priori de tanta seguridad y respaldo.

  • Generalmente tenemos un círculo relativamente pequeño de gente a la que pedimos ayuda porque, por distintos motivos, y en algunos casos poco sanos, hay personas más dadas a la entrega personal, y porque nos es más cómodo ir a lo seguro que arriesgarnos con alguien nuevo.

    De esta forma, salvo que la otra persona se plante y nos diga que no, llega un momento en que la gente no puede más pero sigue respondiendo a nuestras llamadas por compromiso, y vamos llevando a la gente al límite, provocando que la calidad de las actividades se resienta porque las personas, no están en un momento vital adecuado para asumir la tarea, o simplemente no disponen realmente de más tiempo.

    Además, solemos culpar a la persona asumiendo que es ella quien ha de decirnos que no, si no puede más, pero eso nos da dos conclusiones peligrosas: por un lado que no nos preocupa la persona, nos preocupa nuestro proyecto, y por otro que vamos dinamitando la cultura de la entrega y cada vez es más complicado encontrar a alguien que se preste a hacer algo gratis por los demás, al menos en nuestro contexto marianista.

  • Chaminade está muy preocupado por lo que llama la herejía de su tiempo y nos llama a todos a confiar a María la victoria final sobre ese mal. Podemos recordar su análisis de la mano de Ignacio Otaño, y ver en qué medida la herejía de nuestro tiempo tiene algún parecido:

    “Su misión debía ponerse bajo el nombre y los auspicios de la Virgen Inmaculada, a quien está reservado el triunfo contra la herejía de los tiempos actuales como contra la de los tiempos pasados. […] Había comprendido que por medio de sus obras debía luchar contra la indiferencia religiosa, fruto de la Revolución; que todo debía colocarse bajo los auspicios de la Santísima Virgen, de la cual M. Chaminade sería el apóstol y, si fuera necesario, el soldado, en el siglo que iba a empezar. Eran los nuevos combates que se debían emprender por el reino de Dios por medio de María. Nova bella elegit Dominus” (Pág. 27)

  • Cuando el joven está creando su propio grupo y futura comunidad, necesita ser dueño de su proceso y sentir que los mayores respetan ese proceso para poder hacer el diálogo intergeneracional.

    Entre no hacer nada y darlo todo hecho, está el delicado equilibrio del acompañamiento, que exige paciencia, apertura y constancia.

  • A la hora de dar libertad, debemos fijarnos en la obra de Dios y su manera de crear libre al ser humano. Si Dios se fio de nosotros, por qué nosotros no vamos a confiar en que el corazón del joven está bien hecho y antes o después se dejará atraer por Dios. Por eso es bueno que dejemos espacio a los jóvenes para distanciarse, tomar sus decisiones y volver. Eso sí, como el padre de la parábola del hijo pródigo, debemos estar a la puerta con los brazos abiertos dispuestos a acoger y no a reprochar, demostrando con hechos que nos alegra su vuelta. Entonces estarán preparados para crear su comunidad dentro de la Familia Marianista

  • En muchas fraternidades se da un fenómeno curioso, sus miembros son buena gente, que siempre ha estado o incluso sigue estando muy comprometida con muchas cosas y están acostumbrados a ser fieles a aquellas cosas con las que se comprometieron poniendo ese compromiso por encima de sus propios intereses, pero que nunca se plantearon seriamente vivir la fe en comunidad o rezar juntos como una necesidad personal y, ahora, la pertenencia a fraternidades se mantiene por fidelidad a un compromiso y no por responder a una llamada que nunca sintieron de vivir la fe en comunidad, pero no importa, porque están acostumbrados a que lo que se espera de ellos es que sean fieles, que no se rindan, que no se vayan de fraternidades y si les aporta algo o no parece más secundario.

    Se da incluso la fidelidad al grupo de Whatsapp, casi podríamos hablar de la consagración al grupo de Whatsapp. Y es que hay un número demasiado elevado de fraternos que de hecho han dejado su fraternidad, pero no lo han dicho públicamente a nadie, ni a sí mismos y siguen en el grupo de Whatsapp porque, ni saben por qué entraron, ni saben por qué no se han salido, pero lo importante es estar inscrito.

  • El modelo de hacer creer al joven que es él quien toma las decisiones está bien para empezar a educar en la corresponsabilidad y que coja confianza, pero pronto ha de evolucionar a una corresponsabilidad real donde el joven se sienta realmente reconocido como un igual a la hora de opinar y tomar decisiones que transformen la comunidad, si no tarde o temprano verá que le están utilizando y manipulando para construir el proyecto de otros.

    Es importante no sobreproteger a los jóvenes con el pretexto de que no se asusten. Al fin y al cabo, si les sobreprotegemos es porque no confiamos en su madurez, no les estamos tratando como adultos si no como niños que dependen de nosotros y por tanto no se pueden integrar como miembros en igualdad de condiciones.

  • Javier de la Torre nos recordaba en una formación sobre la afectividad que nada nos sostiene más que vivir en los vínculos, que el bienestar psicológico está en los vínculos sanos. En la vida religiosa tenemos muchas relaciones pero pocos vínculos estables. 

    La gente, en el fondo, añora tener este tipo de vínculos, aunque al mismo tiempo huya de ellos por la falta de costumbre, o por una forma antigua de entender la vida religiosa. Y no es la voluntad ni la inteligencia la que posibilita los vínculos estables, es la relación desinteresada del día a día la que forja esos vínculos y, para eso, tenemos que vencer la tentación de la eficiencia y el utilitarismo en nuestras relaciones. Te hablo sólo cuando necesito algo de ti, me dejo ver en la comunidad sólo cuando tengo que comunicar o pedir algo, etc.

    Nuestras comunidades pueden ser mucho más que residencias donde la convivencia es justa y cordial, el voto de castidad nos llama a establecer vínculos donde me descubra en la otra persona y no en los que me valga de la otra persona para vivir.

  • En la creación de la comunidad, tenemos la dinámica de asignar asesores a las nuevas comunidades que constituimos juntando a nuestra manera a los jóvenes que han mostrado algo de interés. De esta manera, los convertimos en receptores de nuestro producto, pero ¿podríamos buscar una fórmula en la que ellos pudiesen elegir, no sólo con quién se juntan sino también a su primer acompañante de entre un grupo de personas disponibles?. 

    De esta manera, son ellos los protagonistas de su comunidad, que, como en el caso del acompañamiento personal, eligen a un acompañante de confianza para que entre en sus vidas y dinámicas y es más fácil que no lo vean como el monitor o catequista que les dice lo que han de hacer.

  • En la creación de la comunidad, generalmente partimos del deseo de juntarnos con amigos, de no perder el contacto que queda atrás al salir del colegio, pero pocas veces vemos un deseo claro de juntarnos para seguir buscando a Dios, suponiendo que ya nos hubiésemos iniciado en la búsqueda en grupos o comunidades previas. 

    El caso es que el futuro de un grupo de amigos está condicionado por el desarrollo de esa amistad y las circunstancias de la vida, mientras que el futuro de una comunidad que se reúne para buscar a Dios, tendrá siempre nuevas metas para dicha búsqueda.

    En la comunidad hay que apelar a la experiencia de Dios y que sea él quien nos convoque. Todo lo demás es voluntarismo y compromiso que tiende a quemar a la gente cuando las motivaciones no están claras o no son compartidas por todos.

  • Mirando a la vida religiosa, también necesitamos una preparación para volver a reflejar la belleza que todos anhelamos. Los ritos crean comunidad y pueden ser expresión de la belleza. Sin embargo, nos hemos cerrado a un rigorismo que elimina toda esa belleza. 

    Debemos diseñar los nuevos ritos que reflejen la belleza, tanto en nuestra liturgia como en nuestra vida diaria y en nuestros espacios. Pero eso requiere también una preparación y un tiempo. De lo contrario, la vida nos llevará a seguir repitiendo los mismos rituales y reglamentos que nos permiten actuar sin pensar, reflejando la fealdad de quien ya no espera nada en la vida. 

    Necesitamos nuevos artistas y otros profesionales que nos ayuden a diseñar esta nueva belleza, dejar que los laicos jóvenes sean ahora quienes nos ayuden y saquen de nosotros mismos. Ya hay algunos grupos que van por esa línea y los demás debemos aprenderla.

  • A la hora de transmitir lo que hacemos, debemos evitar que se convierta en mandato lo que debería ser seducción, de lo contrario somos fariseos poniendo normas para el encuentro con Dios.

    Vemos en el Evangelio que Jesús seduce porque enseña con autoridad y porque hay valores que en sí mismos atraen. Nosotros nos movemos en ese mismo terreno, pero lo hemos convertido todo en regla y lo vivimos como norma. Sin embargo, la entrega a los demás en la misión, los votos, la vida de oración o la vida en comunidad son cosas rompedoras y apasionantes que pueden seducir a cualquiera que nos vea apasionados por ello, en lugar de resignados, agobiados o desmotivados.

  • En ingeniería, el diseño de un producto responde a una necesidad del cliente. Sin embargo, cuando diseñamos productos que nadie ha demandado, o generamos esa necesidad a posteriori pervirtiendo la finalidad del marketing, o simplemente fracasamos en nuestra propuesta. Por eso, es muy importante escuchar y entender la necesidad de los jóvenes en cuanto a la creación de su comunidad y, a partir de ahí, ayudarles a construir una nueva realidad que responda adecuadamente a esa necesidad, porque se trata de crear su comunidad, no de amoldarse a una comunidad ya creada según una plantilla ideal.

    Nuestro máximo referente de escucha y adaptación es, sin duda, el propio Cahminade. Ignacio Otaño nos habla así de su forma de entender la adaptación:

    «Es necesario que el médico adapte sus remedios a las necesidades y al temperamento del enfermo. La actual enfermedad de los espíritus es de tal naturaleza que sólo se puede tratar su curación siguiendo un camino nuevo […] Le gustaba comparar su camino al de un riachuelo apacible que, cuando encuentra un obstáculo, no se obstina en superarlo. Es el propio obstáculo el que, al detener el riachuelo, lo hace crecer y aumentar hasta tal punto que pronto se eleva por encima de su nivel, lo supera, lo desborda y sigue su curso”. (Pág. 34-35)

    Sin embargo, muchas veces cuesta saber lo que piensan y sienten de verdad por distintas barreras, por falta de confianza en el acompañante, o entre miembros del grupo, o, a veces, porque ellos mismos tampoco lo saben. Como en el ejemplo del médico, hay que ir observando síntomas y planteando hipótesis hasta acertar.

    El concepto de participación del cristiano en la Iglesia está, muchas veces, reducido a la asistencia a la misa dominical o a charlas formativas, y, hacer participar al joven de algo en lo que sólo puede estar callado mirando durante una hora es impensable. 

    Los jóvenes están acostumbrados a formatos muy participativos, lo que ahora arranca en la Iglesia como sinodalidad, los jóvenes lo practican como una especie de democracia en Twitch donde entre todos deciden y participan en una serie de cosas de lo que hace el streamer. Para ellos, es impensable ser espectadores pasivos, aunque, de hecho, pasen las horas, más que nunca, viendo a influencers hablar. Sin embargo, en ese ejercicio de escucha, tienen la potestad de interactuar, tomar decisiones, elegir cuando se van. Por eso, no podemos crear grupos basados en la escucha pasiva de un formador, modelo que, además, ya sufren en la universidad.

    En la creación de la comunidad debemos ponernos a su servicio, arrodillarnos ante el joven. Pero no con las manos vacías, sino cargadas de propuestas que vienen de la experiencia, dispuestos a desecharlas todas si ninguna encaja con lo que están buscando. La participación que tiene un joven en redes con respecto a los influencers es muy poca, sin embargo la perciben como un gran gesto de escucha. Y cuando el joven se siente escuchado, se siente protagonista, aunque en el fondo no lo sea tanto.

  • A nivel de fe y vida de comunidad, observamos que, lo que pedimos y ofrecemos a nuestros jóvenes en una u otra ciudad es bastante diferente. Mientras que, a nivel deportivo, todos los colegios están más o menos igual y eso les permite encontrarse en competiciones y avanzar juntos.

    Tener itinerarios y modelos repetibles también en temas de fe y comunidad, dentro del marco de la Familia Marianista, ayudaría a ponernos todos al mismo nivel. Al fin y al cabo en todas las ciudades conocen Hakuna y los retiros Effetá y los reproducen con éxito ¿Por qué nuestros retiros son tan distintos según ciudades? ¿Por qué no seguimos un plan común? ¿Es realmente por adaptarnos al contexto, o hay algo de querer competir entre los diferentes autores para lograr un mayor reconocimiento personal?

    Esta idea de los modelos repetibles que ahora vemos en otros grupos y que transforman la sociedad como una especie de franquicias de una marca, lo hereda Chaminade de las “misiones populares” del siglo XVII. Para lograr algo así, es necesario tener muy bien definida la marca y el plan: 

    La fundación del colegio-seminario San Carlos era un intento de entregarse a una misión permanente, idea que habría de estar tan presente en el futuro del P. Chaminade. La Francia del siglo XVII había conocido el despertar de las misiones populares por la necesidad urgente de una recristianización de las masas. El galicanismo reinante había retrasado las reformas del Concilio de Trento, y la situación de las parroquias era lamentable. Ardientes misioneros como San Juan Eudes (1601-1680) o San Vicente de Paúl, entre otros, consiguen extender por todo el país este medio pastoral de las «misiones populares». (Pág. 7)

  • El desempeño de una misión común ayuda a sentirse parte de algo y, el servicio a los demás es una dimensión que todo cristiano ha de practicar. Sin embargo, la dimensión de la misión no ha de anteponerse a la vivencia de la fe en comunidad como muchas veces nos pasa, que dejamos de participar en la comunidad, porque la misión nos quita mucho tiempo. 

    Es el caso de los monitores que ponen en paralelo el servicio que realizan con su grupo y la vivencia de la fe en comunidad, dejando de lado la segunda por sentirse más responsables y realizados en la tarea como monitor que, objetivamente, demanda gran parte de su tiempo. Sin embargo, no somos una ONG, la misión que no realizamos desde la fe y enviados por nuestra comunidad, es un voluntariado que empieza y termina en mí mismo y no responde a la misión evangelizadora de todo cristiano. 

    Tal vez debamos depurar el concepto que tenemos de misión, para que se integre como una dimensión de la vida cristiana, en lugar de ser la fe un complemento opcional para el que hace un servicio. 

    Si realmente estamos exigiendo demasiado a los jóvenes en cuanto a dedicación en la misión, también deberíamos revisarlo para no empujarlos nosotros mismos a un activismo estéril que impida la vivencia de la fe.

  • A la hora de preparar una oración, es sorprendente que, gente ya mayor, religiosos o laicos y con un recorrido de fe prolongado, sigan sin hacer oraciones con una estructura bien cuidada, con unos contenidos elegidos coherentemente con la Palabra y la música apropiada. 

    El ideal en cualquier oración o celebración es poder contar con música en directo, puesto que ayuda más a que todo el mundo cante, y permite controlar mejor los tiempos y los ritmos de la oración. Sin embargo, son pocos los que se manejen bien con los instrumentos y con el canto y, muchas veces, condicionamos las canciones a las capacidades del coro dando como resultado un repertorio aleatorio de canciones que son las que se saben o les apetece cantar, aunque no tengan nada que ver con la oración prevista. 

    Debemos cuidar las formas en estos dos aspectos: procurando tener un coro que cante en directo y garantizando que las canciones y demás contenidos sean coherentes con el tema de la oración y el público. 

    Hablando de las formas en las oraciones, conviene mencionar los recursos tanto tecnológicos como los soportes en papel que han de reflejar la belleza y ser prácticos, es decir: cumplir con su función de ayudar a rezar y estar bien preparados y controlados por quien lleve la oración. Jesús no enseñó a rezar con un PowerPoint ni con una hojita, el foco de atención ha de estar, con diferencia, en el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo y lo demás no ha de captar nuestra atención.

  • Los encuentros, que ya hemos dicho en otro punto que deben ser significativos antes que periódicos, deben estar, además, muy cuidados y ser momentos abiertos de acogida. Estas son las mejores oportunidades para conocer a otros miembros mayores de la comunidad y convivir con ellos. Al visibilizar esa vida se podrán sentir atraídos por una pertenencia más intensa identificándose con una de las ramas.

    Podemos recordar aquí un fragmento en que Ignacio Otaño nos habla de los momentos de encuentro públicos y su efecto contagiador.

    “L’Esprit de notre Fondation señala, como ejemplo, tres medios comunitarios para atraer a los jóvenes al seno de la familia de María, además de las relaciones familiares, de amistad y sociales que se creaban. Esos tres medios son: los paseos de los domingos después de vísperas, las reuniones públicas de los domingos por la tarde y los retiros anuales antes de la fiesta de la Inmaculada. Son actos de la congregación abiertos que permiten a muchos entrar en contacto con ella. […] «lo que atraía a los jóvenes no era sólo el interés del programa que se explicaba sino también la acogida llena de honradez y caridad que recibían todos los que acudían» » (Pág. 53)

  • Cuando ejercemos el ministerio de acompañar a una comunidad que empieza, cabe esperar que, si ofrecemos buenos contenidos, la respuesta será buena. Pero, será mucho mejor, si es el Espíritu quien nos da el don de la palabra oportuna inspirándonos lo que hemos de decir, así como el de la escucha activa al que lo recibe.

    Si lo piensas, no podemos saber el impacto que tendrán nuestras palabras en los demás, ni siquiera podemos saber de antemano lo que necesita escuchar cada uno y, ni siquiera tiene por qué ser lo mismo para todos los participantes. Desde esta perspectiva, la única manera de acertar y llegar a todos es por la gracia dada por el Espíritu que, como en Pentecostés, hace que todos escuchen en su idioma lo que necesitaban oír, ante el mensaje inspirado de los discípulos. Pidamos pues el don necesario antes de acercarnos a orientar a una comunidad que da sus primeros pasos.

  • En la vida religiosa existe un déficit importante en la comunicación interna que nos lleva a no aprovechar bien nuestras energías en el trabajo con los jóvenes y a rechazar o bloquear iniciativas por motivos que no tienen que ver con lo pastoral. 

    Entre los religiosos, la sensación, muchas veces, es que no se conoce el Proyecto Provincial y eso provoca el desinterés y la desafección de los religiosos que no se sienten parte en las decisiones y se van distanciando. Esto, evidentemente, es por falta de comunión en los religiosos, pero también por un claro problema de comunicación que se puede trabajar hasta conseguir transmitir las cosas adecuadamente en forma, medio, tono y momento.

    Ya que nos decimos expertos en pedagogía, podríamos ser mucho más creativos y pedagógicos en la comunicación. Y, una forma, pero no la única, podría ser la de crear vídeos cortos para desarrollar cada tema, mostrándolos, bien estructurados, en una web, para poder elegir lo que necesites adaptado a cada realidad. Esta idea es la que se aplica, precisamente, en estos vídeos que estás viendo.

    Y, en todo caso, la comunicación ha de implicar a las partes, no se trata de que yo, fecunda fuente del saber, te doy, una información, a ti, profundo pozo de ignorancia. La comunicación es multidireccional y continuamente escuchamos a gente decir que se quedan fuera de las decisiones, que se han enterado de tal cosa por terceros y esto alimenta el flujo del chismorreo. Hoy contamos con muchas herramientas que facilitan la escucha de todas las voces que deseen comunicar algo y la gestión de dicha información. Además, en el camino hacia la sinodalidad al que nos llama la Iglesia y que, iniciativas como el LiDE, están ya desarrollando, obtendremos respuestas del Espíritu para los actuales problemas adaptativos, cuando demos voz a los que no la suelen tener.

  • Cada pequeña comunidad laica funciona con gran autonomía de agenda, modo y lugar de reunión y eso es positivo. No obstante, si hablamos de visibilizar la comunidad, podría ser interesante tratar de coordinar las agendas y contar con un espacio de reunión común, de manera que se dé un momento en la semana en que, de forma natural, las distintas comunidades se crucen o encuentren a la entrada y salida de sus reuniones, además de posibilitar una eucaristía común como parte del encuentro de mi comunidad. Ese pequeño punto de encuentro propicia conversaciones, y hace tomar conciencia de que existe un cuerpo más amplio que mi propia comunidad.

  • En la vida religiosa también es necesario hacer visible la vida abundante que aún queda, tanto hacia dentro como hacia fuera. En este sentido, aunque nuestras comunidades puedan parecer, en algunos casos, algo faltas de vida o limitadas, tenemos, más que nunca, la posibilidad de hacer una comunidad “virtual” de hermanos que quieran vivir algo más, disfrutar de la vida comunitaria en clave religiosa, ir unos días de vacaciones juntos, tener momentos de compartir sin motivos pastorales o laborales. Simplemente viviendo toda esa dimensión que, en otro tiempo, cuando había más religiosos y menos frentes, se vivía espontáneamente en cada comunidad y que hoy, ya no es posible. Vivir esto y además hacerlo visible, es reflejar la belleza de la vida religiosa que atrae y da esperanza a los de dentro y a los que podrían entrar.

  • Por lo que dice Ignacio Otaño de las asambleas en tiempos de los primeros congregantes… 

    “Las reuniones de los domingos por la tarde, abiertas al público, en las cuales hablaban los laicos, eran peligrosamente parecidas a las asambleas protestantes.” (Pág. 39-40)

    Según esto, nuestro estilo, en origen, era más parecido al modelo donde el laico es el que llevaba la voz cantante como si de un predicador evangélico se tratase, con el lenguaje del laico y sus medios de expresión y comunicación contemporánea que pueden captar mejor la atención y el interés de otros laicos que se reconocen mejor en el orador.

  • Durante la etapa de iniciación de la comunidad, es muy importante flexibilizar las estructuras para que sean herramientas que acompañen, faciliten y den coherencia, en lugar de ser carriles cerrados para el Espíritu. Lo peor para que alguien se identifique con un proyecto o grupo es que le hagan “pasar por el aro” que sostiene su domador.

    En este sentido, las fraternidades han de renacer, resituarse y redefinirse, de la mano de los jóvenes, a ejemplo de como surgieron. Sin perder su sentido y su hondura, pero sin convertir las estructuras en fines.

    Chaminade se dió cuenta de que, para llegar eficientemente al mismo punto, había de saltarse las estructuras conocidas hasta la fecha, de ahí el título de Misionero Apostólico. Así salvó la rigidez estructural y eso le permitió revitalizar la fe en toda Francia. Nos lo cuenta así Ignacio Otaño:

    “El P. Chaminade ha encontrado en su carácter de Misionero apostólico un medio de integrarse en la Iglesia, asegurando, al mismo tiempo, la libertad y la posibilidad de ejercer un apostolado nuevo, exterior al ministerio parroquial, desbordando incluso la organización diocesana”

  • En nuestra identidad como Familia Marianista, cada rama nació con una función dentro de la misión común de restablecer el cristianismo en Francia. Debemos recuperar y recrear el papel de cada rama hoy en la Familia Marianista para volver a nuestra identidad original. Esto nos cuenta Ignacio Otaño sobre las intuiciones de Chaminade según la visión de Lalanne:

    Según Lalanne, el P. Chaminade «estaba profundamente persuadido de que el cristianismo no se podría restablecer en Francia más que por la restauración de las Ordenes religiosas». […] «su concepción de la vida religiosa en los tiempos modernos era un poco diferente de la de los otros fundadores». […] sabía que debía hacer algunas acomodaciones para no encontrar obstáculos insuperables. (Pág 60)

  • Durante mucho tiempo, la oración no ha sido el centro en las comunidades de jóvenes que poníamos en marcha. Probablemente porque tampoco era el centro en nuestras comunidades o vivencia personal de la fe. Sin embargo, vemos una creciente demanda de oración y silencio en los jóvenes, hasta el punto de que se organizan entre ellos para quedar a rezar todas las semanas y de ese encuentro semanal, se constituyen en comunidad, cuando han compartido su fe y su experiencia de Dios. 

    En cambio, si en la creación de la comunidad ponemos el foco en lo intelectual, o anteponemos la misión de cada uno a la comunidad, esta, nunca pasará de ser un grupo de amigos o conocidos e irá desapareciendo conforme cambien las circunstancias personales de sus miembros.

    Así, vemos hoy comunidades de jóvenes que pueden llevar ocho o diez años, que siguen sin sentirse vinculados como comunidad y que siguen sin rezar juntos, más que una vez al trimestre o cosas así. Estos no han superado la fase de creación de la comunidad, son un grupo de fe que no reza.

    En todo esto, la formación vendrá después de que la oración sea lo que convoca. Además, desde la oración se puede formar en la espiritualidad marianista.

    El silencio que los jóvenes demandan puede ir muy bien orientado con el método de los cinco silencios de Chaminade y la oración sobre el Credo para ocupar la mente y el corazón con Dios.

    Reforzando esta idea, recojo uno de los elementos que ofrecía Simler al hablar del espíritu interior que pedía Chaminade a los religiosos, y que es válido para cualquier marianista. 

    «Insistirá en la meditación de fe y en la oración sobre el Credo posibles para que Dios ocupe la mente y el corazón del apóstol.» (Pág. 73)

  • Si nos fijamos en el proceso de creación de Hakuna, desde sus primeras canciones en 2013, hasta 2024 han surgido seis discos, el penúltimo de ellos, Qaos, en septiembre de 2023, unas dos semanas después de su publicación sumaba más de 100.000 oyentes mensuales en Spotify. Dos canciones de este disco: Huracán y Un segundo, han estado en la lista de «Los más virales de España» en la plataforma de audio. En el momento de grabar este vídeo, Huracán sumaba 7.352.661 reproducciones.

    Chaminade nos pide, de alguna manera, estar al acecho de la Providencia, igual que lo estuvo Hakuna en la creación de su movimiento que no ha dudado en transitar un terreno en el que no había otros grupos de Iglesia católica, creando tendencia y siendo ahora el primero de muchos otros. Así nos cuenta Ignacio Otaño la experiencia de Chaminade en la relación con toda clase de medios al estilo de San Ignacio en su Principio y Fundamento:

    No rechazamos nada, excepto el mal y el pecado, en la elección y uso de los medios humanos, que deben servirnos únicamente para conseguir el noble y doble fin de nuestra santificación y de la salvación de las almas […] él se mantenía a la expectativa y al acecho, por decirlo así, de todo lo que pudiera manifestarse como designio de la Providencia. (Pág. 75)

Guía de estilo Marianista